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octubre 2010 - marzo 2011
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La ruta de los aruacos en el Caribe. Un nuevo enfoque historiográfico acerca del tema 
Lohania J. Aruca Alonso

Introducción

El tema LA RUTA DE LOS ARUACOS EN EL CARIBE, título del proyecto científico del Grupo Permanente de Trabajo Expediciones, Exploraciones y Viajeros en el Caribe (GTPEEVC),[2] que abarcó dos trienios, 2003-2009, ha ganado vigencia en las discusiones científicas actuales a causa de su vinculación con los estudios que se han efectuado y efectúan acerca de la identidad nacional, regional y cultural de los pueblos nuevos del Caribe.[3]

Estudiosos latinoamericanos y caribeños, algunos ciudadanos de países hermanos, se esfuerzan por revelar la composición e integración étnica de los pueblos del Caribe, y definir sus rasgos culturales esenciales. ¿Qué es el Caribe? Esta no es sólo una pregunta para la geografía o la geopolítica, también corresponde averiguar su respuesta a la historiografía a través de sus diversas especialidades, además de la económica a: la historia social, de la cultura y de la ciencia y la tecnología, al par que otras ciencias sociales, naturales, etc. Y desde luego, despejar las siguientes incógnitas generales: ¿Quiénes somos los caribeños? ¿Existe o no una cultura caribeña, cuya raíz común podemos considerar, hasta el momento, única, aruaca, o diversa, en sus variantes insulares? ¿Desde cuándo? ¿Por qué?

A lo anteriormente expuesto añadimos: ¿Cómo ha sido visto el Caribe por viajeros y exploradores científicos, con objetivos de estudio múltiples sobre el tema de sus aborígenes, su descendencia y mestizaje? ¿Cuál es el valor de su información como fuente historiográfica confiable para el estudio de los pueblos y las culturas caribeñas antes del arribo de los europeos?

Nuestro nuevo enfoque del tema: multidisciplinario, y desprendido de prejuicios intelectuales euro céntricos sobre el período nombrado indistintamente “prehispánico”, “precolombino”, “prehistórico”, nos ha permitido un abordaje del objeto de estudio mucho más amplio y profundo, desarrollando una percepción más caribeña. También, lo hemos reubicado fuera de los contextos nacionales, inexistentes en la época más antigua de nuestro continente y región. También agudizando la percepción geohistórica de esta última, de su descubrimiento y poblamiento original, fundamentalmente por culturas sudamericanas de la cuenca amazónica, que formaron una familia lingüística muy extendida, aruaca; acumularon por milenios la sabiduría de vivir junto al agua, aprovechando sus recursos de toda índole: en la construcción de sus viviendas, abastecimientos; navegaron en embarcaciones típicas (canoas monoxilas) -que se construyen y existen hasta hoy día-, a distintas profundidades, sobre grandes corrientes fluviales y marítimas; aprovechando los vientos propios de las distintas estaciones del año, y así se enfrentaron y protegieron de los huracanes. Dichas culturas, asignaron a las islas caribeñas, en particular a las que conocemos como Antillas y Lucayas, nombres aruacos significativos para describir su toponimia (que incluye la oronimia, litonimia, hidronimia y econimia). Nos legaron conocimientos sobre plantas y modos de cultivarlas y utilizarlas con distintas funciones, así como una rica mitología conservada en la memoria colectiva, y, a través de su arte rupestre, entierros, costumbres y hábitos de la vida cotidiana, que aún son posibles de observar e identificar en el mundo rural cubano.

No obstante, hallamos que en la historiografía referida a Cuba y a la región del Caribe -de la cual irrefutablemente forma parte nuestro archipiélago-, no existe una línea de investigación en programa alguno sobre el rescate y la conservación del rico acervo cultural que se trasmitió de múltiples formas -a veces inconscientemente- por parte de los descendientes de los pueblos aborígenes en la época colonial, y más allá, en la republicana, hasta la contemporaneidad. Contrariamente a lo que indican los resultados de las numerosas y destacadas investigaciones antropológicas, arqueológicas, espeleológicas, geográficas (muchas de ellas aún ¡inéditas!, como ocurre con la obra de Manuel Rivero de la Calle), que aún se sostiene que la historia de “Cuba” tiene su punto de partida en 1492, el 27 de octubre, después de la llegada del Almirante Cristóbal Colón a tierras insulares del Caribe. Persiste el error de reconocer solamente al “descubrimiento” europeo del siglo XV, que, desde luego, no hubiera sido posible sin la eficaz, desinteresada colaboración de los pueblos aborígenes y de su milenaria cultura, ingenua e involuntariamente puesta a disposición de los objetivos de conquista y colonización de la empresa colombina. Cuando más, algunos autores se refieren al “encuentro (encontronazo) de culturas”, pero destacando ante todo los alcances de la renacentista euro occidental, mientras que se subvaloran o ignoran los logros de la aruaca, sus contribuciones, tanto en el primer contacto con los europeos, como en la época posterior, cuando los expropiaron y convirtieron en vasallos de sus reyes católicos. Uno de los posibles motivos es que, sencillamente, tales problemas no se estudian e investigan tanto como es necesario por nuestros historiadores. Ante todo, porque dicha materia no forma parte de los programas y planes de estudio, y/o de planes de publicaciones, relacionados con la carrera de Historia, en las especialidades de Cuba, ni la de América Latina y el Caribe, en la misma medida en que sí estudiamos los pueblos y altas culturas originarias: los aztecas, los mayas o los incas, por ilustrar mis ideas con un ejemplo.

La extinción inmediata y fatal de las poblaciones aborígenes, por distintas causas; el mestizaje y la asimilación cultural (incluyendo los nombres y apellidos castellanos de los bautismos católicos de indígenas); o, el cimarronaje, a que fueron obligadas estas poblaciones para sobrevivir en los nuevos asentamientos urbanos “pueblos de indios” fundados por los colonizadores españoles, o, en los que existieron fuera del dominio del gobierno colonial, han constituido, de oficio, la explicación “científica” para eludir estudios más complejos en fuentes, hasta ahora no comprendidas, ni aún totalmente aceptadas por la historiografía cubana.

A pesar de las razones antes expuestas, debido, ante todo, a la urgencia histórica vigente de hurgar en nuestras raíces y de reconocernos en nuestros vínculos regionales caribeños y latinoamericanos, avanza el tema científico del estudio de los aborígenes y su cultura y de la persistencia de esta en nuestros pueblos nuevos mestizos (no obstante su relativa “invisibilidad”, falta de sensibilidad investigativa hacia el tema y/o desconocimiento del mismo por nuestros medios de comunicación social).

Ahí tenemos, en nuestras áreas rurales, una fuente viva de testimonios orales, o de otra índole, ubicados, en particular, en las zonas montañosas orientales (donde, justamente, existe un fuerte movimiento de historia local, que dispone de un encuentro anual en la Ciudad Heroica de Santiago de Cuba). Sus resultados niegan las simplicidades historiográficas en curso.

Los estudios regionales de antropología antillana, en especial los que se realizan a través de los métodos biológicos (ADN); de arqueología antillana, en particular sobre los sitios del arte rupestre (el Atlas de Arte Rupestre en Cuba, se ha publicado en el 2009), y su relación formal con el existente en Sudamérica (gracias al evento internacional que sobre el tema co auspicia la Fundación de la Naturaleza y el Hombre Antonio Núñez Jiménez); por el Grupo de Trabajo Permanente Expediciones, Exploraciones y Viajeros en el Caribe, se amplían las relaciones interdisciplinarias y las multidisciplinarias entre las ciencias más diversas, se rescatan y estudian los resultados de numerosas expediciones y viajeros científicos que nos han legado hipótesis, verificaciones y testimonios de gran valía, que, a veces, ya no existen como objetos tangibles; ya existe el estudio del tema en un Aula especializada fundada en 2008, de la Cátedra de Estudios del Caribe de la Universidad de La Habana, pionera de este tipo de cursos libres y de posgrado en el Caribe.

Hay un desarrollo interno de la ciencia en Cuba, de sus investigaciones y resultados, al que deben responder, con toda su capacidad y posibilidades, las instituciones de la educación y la cultura (las publicaciones en especial), encargadas oficialmente de la formación de las nuevas generaciones de cubanos y cubanas, de su conciencia patriótica y de los fundamentos científicos de su ideología.

El trabajo que presentamos, resume los resultados alcanzados por la autora, y fueron debatidos en distintos eventos científicos convocados por: el Grupo de Trabajo Permanente Expediciones, Exploraciones y Viajeros en el Caribe, adscrito al Instituto Cubano de Antropología (Jornadas y Conferencias científicas, y sus publicaciones correspondientes); el Instituto de Historia de Cuba y la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC y UNHICCH); la Cátedra de Estudios del Caribe de la Universidad de La Habana y el Centro de Estudios del Caribe de la Casa de las Américas; la sección de Videociencia del evento anual del Centro Nacional de Investigaciones de Cuba (CNIC), donde, además, se han obtenido premios para nuestros videos en colaboración con la Televisión Educacional del Universidad Pedagógica “Enrique José Varona”.

Los logros que expondremos, se han introducido en publicaciones digitales (Portal de la Cultura Cubana, CUBARTE; Cuba Arqueológica / Cuba y Argentina), y en el flujo de los cursos libres y de posgrado a través del “Aula Exploraciones sobre pueblos y culturas aborígenes y autóctonas del Caribe”, (esta última creada oficialmente en 2008), perteneciente a la Cátedra de Estudios del Caribe, como parte inicial de la información y del enfoque historiográfico que deseamos promover.

Los aspectos que abordamos en esta ponencia realzan primordialmente:

-Un enfoque regional (caribeño) de la historia antigua del Archipiélago cubano.

-Una propuesta de periodización del contenido a abarcar, en diferentes etapas de los estudios sobre población y cultura, fundamentados en una selección de las expediciones, exploraciones y viajeros científicos estudiada en forma multidisciplinaria, hasta el momento, en torno a la ruta de los aruacos en el Caribe.

Objetivos centrales

•          Estudiar sistemáticamente a través de las principales exploraciones y viajes científicos, lo conocido acerca del desenvolvimiento histórico de los pueblos y culturas aborígenes localizadas en el Caribe y su tratamiento o no por la historiografía vigente.

•          Transformar la visión y la comprensión acerca de las poblaciones aborígenes y de sus descendientes mestizados; valorar sus creaciones culturales de todo tipo.

•          Coadyuvar a la identificación, el rescate, reconstrucción y conservación en beneficio nuestro y de las nuevas generaciones del legado cultural más antiguo de Nuestra América, el de sus pobladores originarios.

Descubrimiento y orígenes de la población de las Antillas

En particular, al referirnos a los orígenes de la historia del Caribe o de su época o historia antigua, lo hacemos teniendo en cuenta una visión histórica única, similar a la que ya se ha planteado en Cuba (Moreira de Lima, 1999).[4]El enfoque que aquí presento es el de considerar que esta etapa de las antiguas poblaciones de Cuba hizo su entrada en la Historia con legítimo derecho e integra nuestra Historia nacional”. (p. X.) (Aunque en el enfoque que se propone más abajo, ampliamos su espacio histórico a escala regional, no restringido solamente a los límites contemporáneos de nuestra nación y/o historia nacional.)

Consideramos el enfoque integral, incorporando a la historia (tradicional) los avances y resultados de la antropología y arqueología, definido por el cubano Gabino de La Rosa, [5] o en República Dominicana por Marcio Veloz Maggiolo:[6]

Cuando se estudian los objetivos de la arqueología sin que tengamos en cuenta que la misma es una fuente documental y de interpretación tan válida como el papel para entender el pasado, caemos generalmente en las vertientes folklóricas y en las visiones de autoctonismo comunes a una sociedad, en la que se considera el pasado como una realidad innecesaria para la identidad de los pueblos. El pasado se presenta como paradigma museable o como modelo acabado, infuncional y presentable como etapa superada, arcaísmo aceptable pero irrepetible, o bien como un mapa histórico en donde todo pasado no clasista se identifica con el retraso. (Veloz Maggiolo, 1999, p. 21)

Atendiendo a la periodización que proponemos más adelante, nos planteamos la indagación acerca de las exploraciones y viajes científicos[7] que se interesaron por la raíz más auténtica y prístina de los pueblos antillanos: los aborígenes procedentes de Suramérica -sin abandonar otras migraciones menos estudiadas desde Centro o Norteamérica-, quienes descubrieron y poblaron por primera vez las Antillas Menores y Mayores y las Bahamas (núcleo duro de la región Caribe), la poblaron en sucesivas oleadas migratorias, surcando en canoas grandes corrientes fluviales y marítimas, y nos aportaron su cultura material e inmaterial, en diversos estadios de desarrollo (Núñez Jiménez, 1994). Los aruacos, a los que nos referiremos en especial, fueron una familia de pueblos vinculados desde antaño por culturas y lenguas afines en sus distintas variantes locales, inclusive las insulares (Valdés Bernal, 1991). A ellos y su mundo se refirieron directamente los cronistas europeos, como los principales pobladores de las Antillas. “En lo que respecta a Cuba, los conquistadores europeos clasificaron a la población indígena en guanahatabeyes, ciboneyes y taínos.” (Valdés Bernal, 1991, T.1, p.8.)

Acerca de los guanahatabeyes y su cultura en especial, se acepta que fue la más antigua población de la Isla, al arribo de los europeos, que aún se hallaba asentada en ella en el siglo XV, en el momento del primer contacto, o, encuentro entre culturas (Alonso, 1995), y que su lengua, aparentemente, no era la misma de los pueblos que hablaban en aruaco continental o sus variantes insulares. Valdés Bernal, considera que esto puede explicarse teniendo en cuenta la antigüedad del esos pobladores, que posiblemente hablaron y conservaron una lengua aruaca arcaica, en relación con la que conocieron de sus anfitriones indígenas Colón y sus acompañantes.[8]

Otros aspectos de la cuestión, no menos importantes que los anteriores, pero menos priorizados e investigados, aunque forman parte del mismo problema, bajo nuevas circunstancias históricas son: la legitimidad de sus descendientes mestizos, la persistencia, o no, de sus culturas y manifestaciones de estas, durante la época colonial y la postcolonial,[9] así como la práctica de sus manifestaciones religiosas y artísticas (transculturadas), también con variantes locales.

Considero que la solución y respuesta a los problemas expuestos, pasa ante todo por la identificación y el estudio científico, crítico, de las fuentes: evidencias arqueológicas, históricas, o de otro tipo, de la población aruaca en su evolución como sociedad comunitaria (Moreira de Lima, 1999), con características dadas de concentración y dispersión,[10] durante la época antigua; o, los grupos sociales agrupados o dispersos, en las épocas colonial, y la postcolonial o contemporánea, y de los rasgos que en cada momento definen, o delatan, su identidad cultural y prácticas de la misma mediante manifestaciones artísticas, religiosas, de tradiciones orales, culinarias, etc.

En este empeño resulta de gran utilidad el conocimiento de las labores investigativas y los resultados alcanzados desde antaño hasta la actualidad por los expedicionarios, exploradores y viajeros científicos vinculados con la ruta de los pueblos aborígenes y su evolución histórica, hasta hoy día, en las Antillas.

Advertencias sobre el estudio de expediciones, exploraciones y viajeros

No obstante las informaciones e interpretaciones de la realidad que nos aportan, estas deben ser atendidas con un sentido crítico, como cualquier otra fuente historiográfica. Hay que tener en cuenta las correspondientes respuestas a estas preguntas:

•          ¿Quiénes son los exploradores y viajeros? ¿De qué tipo de cultura proceden?

•          ¿A qué época histórica cultural pertenecen? ¿Cuál es el modelo cultural mediante el cual estudian e interpretan los resultados de sus exploraciones sobre “los otros” y sus culturas?

•          ¿Qué culturas o aspectos de una cultura investigan? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Para quién o quiénes?

•          ¿Cómo analizan (teoría, métodos, instrumental) los resultados de sus exploraciones, y cómo los expresan? ¿Impactan o no sobre la sociedad a las que dirigen sus informes? ¿Provocan cambios en la vida social y cultural?

•          ¿Existe una verdadera relación intercultural en estas exploraciones? ¿Si no existe, cómo se transgrede o tergiversa la realidad, en función de quien o de quienes?

•          ¿Cuál es el nivel de identificación del explorador o viajero científico con la cultura que investiga y con sus valores de todo tipo? ¿cómo se comprueba esto? (Krotz, 1994)

Una propuesta de periodización del objeto de estudio

Habida cuenta de lo diluido que está el elemento aborigen, su descendencia y persistencias culturales, en nuestras sociedades contemporáneas, justamente por su integración forzosa a la población y cultura colonial, el menosprecio y represión, hasta hacerlo casi “invisible”; por la paulatina pérdida de identidad individual y cultural, que transforman sus manifestaciones culturales, me parece que: en el inicio de este largo trabajo de rectificación histórica, es importante separar las hebras que forman la madeja, e inicialmente, abstraer sus rasgos más generales y comunes en tres períodos que podríamos precisar desde una visión historiográfica propia con cierta claridad. A su vez, dentro de ellos utilizaremos algunos descriptores o parámetros fijos (5), que puedan compararse a lo largo de las futuras investigaciones que se lleven a cabo, bajo este procedimiento. Estos últimos se nombrarían: 1) Población antillana aruaca (existente, y sujeta a verificación, según la época, sus asentamientos,); 2) Manifestaciones culturales e identidad/es; 3) Formas de resistencia ante las invasiones de otros pueblos; 4) Fuentes de estudio; 5) Exploraciones y viajeros.

I.      Época antigua ( alrededor de 7 000 a. n. e. – 1492 (u otra fecha, según el caso particular del inicio de la conquista y colonización)

a) Población antillana aruaca, rasgos generales de su(s) origen(es) y composición étnica.

b) Manifestaciones culturales e identidad/es:[11] cultura material: embarcaciones para la navegación fluvial y marítima, asentamientos (tipos de) en el territorio antillano, uso o no de la tierra para labores agrícolas (agricultores), construcciones habitables, artesanía y arte); cultura inmaterial (lengua(s), conocimientos (geográficos, agrícolas, otros) pensamiento religioso, mitología, y sus variantes locales).

c) Formas de resistencia ante las invasiones de otros pueblos. Armas, tipos de estas, formas de empleo y del enfrentamiento a invasiones foráneas.

d) Fuentes de estudio: arqueológicas, históricas, evidencias culturales por analogía, otras.

e) Exploraciones y viajeros que se estudian como fuentes:[12] 1966-1978 Exploraciones de J. M. Guarch en el Oriente cubano acerca del taíno y su cultura; Exploraciones de Enrique Alonso en Guahanacabibes, Pinar del Río, acerca del guanahatabey de Cuba; 1987-1988 Expedición En canoa del Amazonas al Caribe (Núñez Jiménez, 1994).

II.   Época colonial (después 1492- varían las fechas, según el caso, de la conquista y colonización; procesos de independencia de la metrópoli colonial)

a)                 Población antillana aruaca, su composición étnica: el genocidio producido por la conquista española, y por otras metrópolis europeas; el proceso de mestizaje racial con europeos, canarios y africanos. La clasificación de estos habitantes en los registros de población (religiosos, civiles o militares). Migraciones externas e internas, encomiendas y reducciones, fundación de los pueblos de indios.

b)                Manifestaciones culturales: subsistencia de las formas originales y proceso de transculturación,[13] o, de aculturación, ocurrido en la cultura material (asentamiento en el territorio como vasallo o cimarrón; relación jurídica del vasallo con la tierra, mercedes y usufructo de, nueva clasificación socioeconómica como campesino en lugar de agricultor; situación jurídica del cimarrón o apalencado, agricultor), construcciones, vestuario, artesanía y arte, sus variantes locales; cultura inmaterial: lengua(s), pensamiento religioso, conocimientos o saberes populares mitología, sus variantes locales.

c)                 Formas de resistencia (o rebelión) (cimarronaje, vida cotidiana en los palenques, mestizaje racial y cultural con africanos rebeldes; participación en las guerras por la independencia de España); resistencia pasiva ante el poder colonial (pleitos por la tierra mercedada que se les expropia por distintos motivos; formación de nuevos mitos religiosos integrados a los católicos, p. ej., la virgen de la Caridad del Cobre; el espiritismo cruzado del siglo XIX y su similitud con la danza ritual del areíto).

d)                Fuentes: arqueológicas, históricas, literarias, artísticas (arte rupestre).

e)                 Expediciones, Exploraciones y Viajeros: Real Comisión de Guantánamo (1797-1802); Alejandro de Humboldt (1801-1803); Exploraciones del Dr. Fernando Ortíz; Exploraciones de J. A. García Molina sobre manifestaciones y prácticas culturales aruacas; sincretismos ocurridos en el siglo XIX; Estudios lingüísticos de S. Valdés Bernal.

III.                        Época postcolonial o contemporánea:

a) Población antillana descendiente de aruacos, su composición racial y étnica (mestizaje):

b) Manifestaciones culturales: cultura material (propia de las zonas rurales montañosas, campesino pobre); cultura inmaterial, conciencia de su identidad nacional y cultural (en el caso de los países independientes).

c) Formas de resistencia y/o rebelión: luchas campesinas (antiimperialismo)

d) Fuentes: arqueológicas, espeleológicas, antropológicas, históricas (locales y regionales); exploraciones sobre Arte rupestre de Antonio Núñez Jiménez y otras de los grupos de la Sociedad Espeleológica de Cuba; serie de videos “S.O.S. Arte Rupestre” del director estudios sobre arte rupestre y su conservación Carlos Andrés García; Atlas del Arte Rupestre en Cuba, otras.

e) Exploraciones y viajeros: En Cuba: Manuel Rivero de la Calle y sus exploraciones de antropología física y social en Yateras, Guantánamo, 1964-1986.[14] En canoa del Amazonas al Caribe, dirigida por Antonio Núñez Jiménez (1987-1988).

El caso de Cuba: aspectos principales a destacar en este estudio.

•             En Cuba, primero fue realizar las expediciones y exploraciones para reconocimientos geográficos, botánicos, faunísticos, mineralógicos, en busca de la posible riqueza en materia prima, puertos y planes de desarrollo y defensa contra enemigos externos e internos (la principal expedición fue la Real Comisión de Guantánamo de 1797-1802, la más completa e importante de todas); después, en el siglo XIX, surgió el interés de los exploradores y viajeros -geógrafos, arqueólogos y antropólogos-, por los indocubanos y su cultura, unido a nuevas indagaciones sobre la geografía cubana.

•             En la primera mitad del siglo XX, se abundó y profundizó en la verificación científica, con la influencia de la ciencia estadounidense. La exploración espeleológica se institucionalizó científicamente desde 1940 con la creación de la Sociedad Espeleológica de Cuba fundada por Antonio Núñez Jiménez, y de este modo, también, se apoyó el estudio del arte rupestre de los aruacos en Cuba.

•             En la etapa de la Revolución cubana, la refundación de la Academia de Ciencias de Cuba permitió una actualización científica, y un mayor sustento económico a las investigaciones etnológicas, arqueológicas y de la antropología física; esta última, llevó a cabo investigaciones para comprobar la ascendencia aruaca en poblaciones rurales del oriente de Cuba (M. Rivero de la Calle); posiblemente este trabajo debe alcanzar una nueva etapa de conclusiones, aún más sólidas, a partir del resultado de los estudios sobre el modelo de genoma cubano.

•             La hipótesis acerca de los aportes, influencia y persistencia o presencia de la cultura aruaca en la cubana, desde su formación hasta la actualidad, se ha apoyado en la exploración lingüística: los mitos (Samuel Feijóo, 1986), la pervivencia de palabras de origen aruaco en el español de Cuba (S. Valdés Bernal, 1991), la recreación literaria ( por ejemplo, Thelvia Marín, Viaje al Sexto Sol, Ciencias Sociales, La Habana, 2007), en las artes plásticas a través de la fundación del neotaíno, hacia la cuarta década del siglo XX por Iván Grundug, fundador también de esta corriente artística en la República Dominicana, después de 1959; o las apropiaciones aruacas (por ejemplo, de Carlos Andrés García) y en el estudio de la danza que practica el espiritismo cruzado con posibles similitudes y ascendencia del areito (en J. A. García y otros, 2008).

Así, se han ido recuperando y acumulando un conjunto de conocimientos que prueban la huella viva de la raíz aborigen, la primera en la formación de la identidad nacional y cultural de nuestra cubanía y caribeñidad.

Conclusiones

1.            Como es posible apreciar, según lo expuesto con anterioridad, la Historia de Cuba y del Caribe, en general, todavía se encuentra en una etapa de elaboración, organización y valoración de nuestro más lejano pasado histórico. Todavía no es posible abarcar y describir las dimensiones del objeto de estudio -todos los procesos, hechos y personajes que debían ser incluidos para la mejor comprensión de nuestra identidad regional y local, de la antigua y nueva cultura caribeña; muchos de ellos se desconocen, o, ni siquiera se identifican totalmente, sobre todo los que ocurren en el escenario rural.

2.            Entre los capítulos de esta Historia faltan los referidos a la dilatada ocupación y poblamiento de las Antillas por sus primeros descubridores: los pueblos indígenas, u originarios, que migraron en distintas oleadas hacia estas islas y cayos. A pesar de ello, esta es nuestra historia antigua compartida con las demás islas y archipiélagos de las Antillas y las Bahamas, y con el continente americano, así como, el reconocimiento de sus descendientes y culturas mestizados durante la época colonial y postcolonial.

3.             El estudio sistemático, ordenado diacrónicamente, según sus objetivos, fines y resultados, de las expediciones, exploraciones y viajeros en el Caribe, incluyendo una crítica historiográfica adecuada; coadyuvará a comprender mejor qué es lo que deseamos redescubrir, rescatar y conservar de aquellas poblaciones y culturas; cómo se ha hecho esto hasta el momento de forma relativamente espontánea, y si de modo planificado influirá, o no, en la formación de una nueva visión de historia (despejada de prejuicios y luchas intelectuales, absurdas e inútiles, pues debe prevalecer el respeto y la colaboración científica; lastres colonialistas y neocolonialistas). Así nos parece que podremos comprender mejor cuáles son nuestras propias limitaciones en el empeño investigativo-educacional-cultural en torno a estos acercamientos al pasado remoto, y a épocas históricas más recientes (colonial y postcolonial). Al propio tiempo, tal vez nuestra primera raíz aborigen, esté más ligada al presente, y le influya en un futuro cercano, mucho más de lo que ahora nos podemos imaginar.

La Habana, 24 de junio de 2010.

Notas



[1] Esta ponencia fue impartida inicialmente como una conferencia por la Msc. Lohania J. Aruca Alonso, el día 24 de octubre de 2008, para el Curso Libre de Postrado “Introducción al estudio de los pueblos y culturas aborígenes del Caribe, su rescate y conservación, desde la perspectiva de las expediciones, exploraciones y viajeros”, Aula Exploraciones sobre la Ruta de los Pueblos y Culturas Aborígenes del Caribe de la Cátedra de Estudios del Caribe de la Universidad de La Habana.

[2] El Grupo de Trabajo Permanente Expediciones, Exploraciones y Viajeros en el Caribe (GTPEEVC) fue fundado oficialmente en noviembre de 2002 por el Grupo Gestor que trabajó para ello; es de tipo multidisciplinario y al mismo pertenecen alrededor de una veintena de investigadores y profesores de alta calificación científica. Sus resultados abarcan publicaciones: libros, CD ROM, documentales, y el co auspicio directo del Aula Exploraciones sobre la Ruta de los Pueblos y Culturas Aborígenes del Caribe de la Cátedra de Estudios del Caribe de la UH. Actualmente la sede del Grupo está adscrita al Instituto Cubano de Antropología (CITMA).

[3] El concepto de pueblos nuevos fue creado por el autor brasileño Darcy Ribeiro: Las Américas y la Civilización, Casa de las Américas, Colección Nuestros Países, Serie estudios, Tercera parte, 1992, pp. 163-173 y pp. 275-298. Como tales clasifica a los brasileños, grancolombianos, antillanos y chilenos. “Los pueblos nuevos constituyen la configuración histórico cultural más característica de las Américas porque están presentes en todo el Continente, y porque tienen aquí una particular prevalencia, si bien en menor medida pueden detectarse en otros ámbitos.” Tienen formas específicas de dominación étnica y de organización productiva (la esclavitud de aborígenes y pueblos tribales africanos, y la hacienda, como modelo de organización empresarial).

[4] Lillián Moreira de Lima: La sociedad comunitaria de Cuba. Editorial Felix Varela, La Habana, 1999.

[5] […] “Para mí la arqueología es una ciencia histórica y, junto con la antropología, integra el conjunto de las ciencias históricas. Como particularidad, la arqueología se enfrasca en el estudio de aspectos del devenir de las sociedades acerca de los cuales no existen registros escritos; cuando éstos resultan contradictorios o insuficientes, se vale del estudio de los restos materiales que los grupos humanos desechan, o quedan como resultado de sus actividades vitales, para reconstruir -por medio de la inferencia y de la reconstrucción de los contextos o elementos asociados cronológica y espacialmente- hechos, acontecimientos y aspectos de la vida cotidiana; en fin rehacer una parte de la historia, o una historia que los testimonios escritos no permiten abordar en su totalidad.”, en: Lohaina Aruca Alonso, “Entrevista al arqueólogo e historiador Gabino La Rosa”, en: Anales del Caribe. Centro de Estudios del Caribe, Casa de las Américas, 2005-2006, pp. 160-170.

[6]“Éramos guardianes de una arqueología social que intentaba demostrar que no existía la prehistoria, sino una historia continuada y leída con diversos métodos, porque pensar en “prehistoria” de un modo tradicional había sido siempre creer que antes de la escritura la gente había sido diferente.” (Marcio Veloz Maggiolo, 2007, p. 43)

[7]7 En particular, las exploraciones arqueológicas realizadas en la isla de Cuba hasta 1938 (Exploraciones y Reconocimientos de Mark Harrington y de otros) ya aparecieron incorporadas a la historiografía mediante un mapa referido a las “Exploraciones Arqueológicas sobre los Indios”, incluido en el Manual de Historia de Cuba de Ramiro Guerra Sánchez, 1938, Libro Primero, Capítulo 1, (p. 7, mapa). Ver Bibliografía consultada. Posteriormente, la obra de E. Tabío y E. Rey, 1966, resume en un aspecto: “Exploraciones y excavaciones”, en cada uno de sus capítulos I-V, la información sobre estas actividades desde el siglo XIX hasta 1965.

[8] Sergio Valdés Bernal: “El poblamiento precolombino de las Antillas y las Bahamas en los momentos de la colonización europea” Conferencia. Curso libre y de posgrado “Introducción al estudio de los pueblos y culturas aborígenes del Caribe: Desde la perspectiva de las exploraciones y viajeros.” Aula Exploraciones sobre Pueblos y Culturas aborígenes del Caribe, Cátedra de Estudios del Caribe de la Universidad de La Habana, mayo 2010. En: CD ROM del curso impartido, con igual título, junio 2010.

[9] Asumimos el concepto de época “postcolonial”, porque es el más general para englobar en un mismo período, de modo simultáneo, estados políticos muy diferentes entre los países de la región Caribe: república, estado asociado, departamento de ultramar, monarquía, y colonia.

[10] Enrique Alonso Alonso: “Las Exploraciones en la Región Occidental en busca del Guanahatabey y sus ancestros”. Conferencia. Curso libre y de posgrado “Introducción al estudio de los pueblos y culturas aborígenes del Caribe: Desde la perspectiva de las exploraciones y viajeros.” Aula Exploraciones sobre Pueblos y Culturas aborígenes del Caribe, Cátedra de Estudios del Caribe de la Universidad de La Habana, mayo 2010. En: CD ROM del curso impartido, con igual título, junio 2010.

[11] Marcio Veloz Maggiolo: “Posibles identidades en el Caribe Prehispánico”. Conferencia (digitalizada). En: Anales del Caribe, 2009, en proceso de edición. Veloz habla de dos posibles identidades diferenciadas en la cultura material aruaca insular según su lugar de procedencia: mordanoide o barrerreroide y la banwaroide.

[12] La Autora menciona en este aspecto solamente las expediciones, exploraciones y viajeros que ha estudiado el Grupo de Trabajo Permanente EEVC, cuyos resultados se divulgan a través de sus publicaciones, videos y del Curso Libre Introductorio.

[13] Transculturación. f. Recepción por un pueblo o grupo social de formas de cultura procedentes de otro, que sustituyen de un modo más o menos completo a las propias. Microsoft® Encarta® 2006. © 1993-2005 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

[14] Lohaina Aruca Alonso: “Visión historiográfica de los antecedentes a las expediciones de Manuel Rivero de la Calle a Yateras (Guantánamo) 1964-1986. Ponencia a la IV Jornada Científica del GTP Expediciones, Exploraciones y Viajeros en el Caribe. Marzo 2007. (CD-ROM IV Jornada Científica del GTP EEVC LA RUTA DE LOS ARUACOS EN EL CARIBE.)

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