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octubre 2010 - marzo 2011
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Cultura independentista cubana. En torno a la cultura mambisa 
Avelino Víctor Couceiro Rodríguez

Ya en mi artículo anterior Conformación de la cultura independentista cubana, había analizado con toda la base teórico-conceptual necesaria, el vasto proceso que llevó por el camino de identificar una cultura cubana, a gestar una cultura independentista aun antes del estallido de las gestas bélicas por la independencia de Cuba. El objetivo de estas cuartillas que ahora nos ocupan, se limita a estudiar igualmente en toda su integralidad, la continuidad de esa cultura independentista previamente conformada, pero ya a partir del primer estallido bélico que dio lugar a la Guerra de los Diez Años (1868-1878) propiciando una cultura mambisa por primera vez, y sus ecos sucesores en la llamada Tregua Fecunda (1878-1895) durante los cuales la cultura adquirió nuevos matices esenciales para la cultura cubana actual. Sin embargo, lo primero a considerar para entender mejor esta nueva etapa, es que sus raíces le anteceden y esta constituye una continuidad cualitativamente diferenciada; por tanto, no puede entenderse sin la anterior, y no se puede hablar de ruptura, sino de proceso en evolución en nuevos contextos.

Quizás el primer gran aporte distintivo y el más trascendente de este período, es la conformación de una cultura mambisa (desde el propio término mambí y aun sin detenernos en la política y lo militar como culturas que sin duda, también son), la cual no se limita al campo insurrecto, aunque se genera en torno y desde este. Ya en el inicio del estallido hay elevados exponentes de la cultura mambisa en diversas manifestaciones culturales: el 20 de octubre de 1868, a solo diez días del Grito de La Demajagua (en sí mismo, una cima de la cultura política cubana y detonante para la cultura mambisa) en las calles del Bayamo recién liberado (primer territorio independiente de Cuba, declarado capital provisional de la República en Armas y sede del nuevo Gobierno Revolucionario, por todo lo cual devino símbolo para todo el país sobre todo, tras su incendio de 1869) se estrenó La (Marcha) Bayamesa (en el camino de la serenata a la trova en el complejo de la canción cubana, la marcha como modalidad de guerrilla y legítima continuadora en otro contexto de La Marsellesa de los revolucionarios franceses), de donde nació el Himno Nacional hoy vigente, bajo la dirección del compositor de su música y letra, el poeta (prohijados por lo mejor del romanticismo cubano) bayamés Pedro (Perucho) Figueredo,[1] cuya hija Carucha (Candita) cabalgaba vistiendo una bandera para la naciente República en Armas,[2] razones más que suficientes para que por Decreto Ley de 1980, el 20 de Octubre haya sido escogido como Día de la Cultura Cubana.

Así, ya vemos elementos de la identidad ecológica y la cultura ambiental cubanas que se integran a la cultura mambisa, lo cual era evidente ya en los antecedentes hacia la nacionalidad cubana: la bandera identificaba a los mambises en el campo de batalla, pero en las ciudades más distantes y amenazadas por la cultura colonialista, donde se exigía un lenguaje clandestino, aportó códigos como sus colores en la cultura del vestir de las damas simpatizantes, y alcanza ribetes de leyenda la flor de la mariposa (valorada luego por ello como flor nacional) con la que se sujetaban los cabellos para portar mensajes a la manigua, que de tal suerte deviene otro elemento de identidad ecológica en esta cultura mambisa, al igual que el caballo (símbolo mambí), la paloma mensajera, etc. Al incendiar Bayamo, se llevaron consigo a la manigua sus animales, e incluso en su cultura religiosa, el Cristo de la Iglesia, que no volvería a su lugar en tal recinto sino hasta la independencia definitiva, y hasta la actualidad, con lo que la historia misma queda también, sin la menor duda, como identidad cultural.

Para la música cubana, el camagüeyano Eduardo Agramonte[3] creó los toques militares del Ejército Libertador, al tomar Bayamo el 18 de octubre de 1868. Céspedes inicia la prensa mambisa al fundar El Cubano Libre (editado primero en Bayamo y luego en la manigua) que dirigiría uno de sus principales redactores: el poeta José Joaquín Palma.[4] Ya en la manigua en precarias condiciones surge otro periódico mambí:[5] La Estrella Solitaria, fundado, dirigido y redactado por Rafael Morales “Moralitos”; en Camagüey se publicó El Boletín de la Guerra (luego llamado La República) órgano oficial del Gobierno en Armas; a pesar de los escasos recursos y peligros, no se pudo impedir el heroico trabajo de mantener informados sobre el devenir de las hostilidades a los integrantes del Ejército Libertador, exhortándolos con estrofas patrióticas y discursos de sus dirigentes políticos. En enero de 1869, el General español Dulce decreta libertad de imprenta y se multiplican los periódicos independentistas, la mayoría efímeros, entre ellos La Patria Libre y El Diablo Cojuelo, donde se inicia Martí con apenas 16 años; pero esta medida duró poco: pronto tal libertad fue abolida y tales publicaciones desaparecieron.

La vida mambisa implicaba una nueva cultura en todas sus manifestaciones: en la culinaria, qué, cómo y cuándo podían comer; en la cultura funeraria, cómo enterrar a los suyos, actitud ante estas muertes explícita desde el Himno: “morir por la Patria es vivir”. El teatro se erige desde los inicios de la contienda entre sus grandes protagonistas, incluso sus instituciones y en La Habana (tan difícil por sus propias características en semejante contexto) en el Villanueva se considera iniciado el teatro mambí con la obra Perro Huevero aunque le quemen el hocico;[6] entre otras consecuencias de la lucha en las tablas,[7] las instituciones teatrales sufrieron un estancamiento que se prolongaría durante toda esta contienda[8] hasta que los bufos (a pesar de su éxito con más de cien piezas en toda Cuba en menos de un año desde su origen en mayo de 1868) no reaparecen sino en 1879; no obstante, se destaca uno de los antecedentes del teatro bufo cubano: el remediano Francisco Javier Balmaseda (Remedios, 1823-1907)[9]

Sin embargo, el teatro mambí no desaparece en estos años, sino que se desarrolla en el exilio: Estados Unidos de América (EUA), México, Colombia, Perú… dispersión que dificulta la necesaria comunicación entre público y artistas (dramaturgos, directores, actores, etc.) y en general, en tanto teatro, carece de mayores pretensiones ni valores; se destaca en 1869 la publicación del drama Abdala del adolescente Martí, clara evocación a la necesidad de libertad y la legitimidad de luchar por ella, situada en África (Nubia), de donde procedían los más esclavizados en aquella Cuba. Le continúan con sus aportes a una dramaturgia mambisa, el santiaguero Luis García Pérez (1832-1893), el habanero Alfredo Torroella;[10] el colombiano Joaquín María Pérez, y Diego Vicente Tejera, siempre con más fortuna y calidad que los pro colonialistas, por lo que en las tablas, la causa mambisa era una victoria.

Pero lógicamente, era la cultura política enlazada con la cultura militar el tronco en torno al cual giraba el resto del sistema de la cultura mambisa y, en general, independentista; el pensamiento político que inicia este período se sintetiza desde el reconocido Padre de la Patria[11] con su Grito de La Demajagua el 10 de Octubre de 1868[12]: Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo,[13] en arduas confrontaciones que se evidenciaron en su Manifiesto del 10 de Octubre[14] y en la Constitución de Guáimaro[15] (redactada por Ignacio Agramonte, a detenernos después, y Antonio Zambrana y Vázquez[16]) que influenciada por lo más avanzado del mundo de entonces desde el siglo XVIII (la Declaración de Independencia de las Trece Colonias de Norteamérica -1776- y la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa, 1789), fue paladín para el desarrollo del feminismo cubano mediante la participación activa de Ana Betancourt

Como en toda guerra, la identidad regional matizaba, como demostraba Las Villas,[17] de cuyos 14 dirigentes sólo se alzan cinco, entre ellos el polaco Carlos Roloff. Entre la intelectualidad recuérdese Zenea;[18] al regresar Nicolás de Azcárate en 1875 de Comisionado (Madrid) tiene que volver a México por decreto del gobernador Valmaseda hasta 1878; en 1869 el habanero Antonio Bachiller y Morales (1812-1889) tiene que exilarse en EUA hasta 1878 con toda su familia ante las vejaciones del gobierno por un documento solicitando la autonomía para Cuba; en 1869 la Biblioteca de Matanzas (Gener y del Monte) pierde a su director el habanero Ildefonso Estrada y Zenea al tener que exilarse por motivos políticos a México hasta 1878, y es sustituido por Ambrosio Sauto, pero en 1874 es clausurada por temor a que se usara para conspirar, y no se abre más hasta el 10 de noviembre de 1899. En 1870 tiene que exilarse a México con su familia José Victoriano Betancourt[19] (cuyo hijo Luis Victoriano[20] integra la expedición del Galvanic y combate en la manigua hasta 1878); y en 1875 a EUA, el más relevante compositor musical y pianista cubano de entonces: Ignacio Cervantes Kawanagh.[21] El camagüeyano José Ignacio de Armas y Céspedes (1842-1889), con trabajos de antropología y ocasionales críticas literarias, integró la expedición de Goicuría. No faltaron siquiera las artes circenses.[22]

Otro tipo de exilio fue el físico y espiritual del pintor Guillermo Collazo[23] con sus retratos y paisajes, o los músicos habaneros Gaspar Villate[24] y Lino Fernández Coca,[25] mientras que justo en 1869, el concertista y maestro musical Pablo Desvernini se radica definitivamente en Cuba.[26]

El urbanismo se afectó o al menos, detuvo, en todo el país: en el centro sur, Trinidad por su peculiar situación geográfica alejada, queda hasta hoy como la más típica ciudad colonial de América con tradiciones como aves canoras.

En 1871 y hasta 1880, por Real Decreto se suprimen los grados de Dr. En Medicina y Farmacia, y de Licenciatura en las restantes Facultades de aquella Universidad de La Habana, obligados a obtener el título en España, mientras en la cultura religiosa, las sociedades secretas abakuá fueron ilegalizadas en 1876 por el Gobierno español, aunque sus comparsas se mantuvieron clandestinas. Hubo sacerdotes católicos en la manigua mambisa: los presbíteros bayameses Diego José Batista y Juan Luis Soleliac rindieron honores a Céspedes en el Bayamo liberado, reconociéndole en su alta jerarquía de Presidente;[27] el bayamés Jerónimo Emiliano Izaguirre fue el primer sacerdote en incorporarse a los mambises;[28] así como los presbíteros Braulio Odio y Pécora[29] y Benito Castro y Julio Villasana;[30] José Joaquín Carbó y Serrano (santiaguero que a su vez salvó la vida al cura guerrillero español Manuel González Cuervo); Desiderio Mesniers de Cisneros,[31] el catalán Pedro Soler y el Padre Miguel Antonio García Ibarra. Al iniciar la contienda de 1868, las iglesias de Las Tunas, Palma Soriano, Jiguaní, San Jerónimo, Jimaguayú, Santa Cruz del Sur y Cascorro, devienen fortalezas o arden como tantas otras; de entonces data el único cisma que conoce la Iglesia Católica cubana.[32]

En el exilio (sobre todo en el sur de EUA) mientras tanto, muchos cubanos rompían su compromiso con el Papa de Roma (cultura colonial) y asumieron nuevas denominaciones cristianas[33] y otras liturgias y sistemas filosófico-religiosos; los antecedentes vistos (Conformación… Ob. Cit.) sólo ahora hallan condiciones para generalizarse, y ya en 1871 por ejemplo, Pedro Duarte funda la Iglesia Episcopal cubana, mientras los demás se fundan en Cuba durante la Tregua Fecunda y básicamente desde 1883 a la par que en torno a Martí se afilian a fundar el Partido Revolucionario Cubano (PRC) en 1892: Enrique Someillán y Manuel Deulofeu están asimilando los metodistas, Evaristo Collazo los presbiterianos, Alberto J. Díaz (antes episcopal), los bautistas, y llegará a Teniente en el Ejército Libertador; más allá de la religiosidad y concretamente en la cultura funeraria pero trascendiéndola, en 1871 se funda la Necrópolis Cristóbal Colón en respuesta a las tantas defunciones por las guerras, las epidemias, etc., que al marginar toda cultura no colonialista, será escenario de estas contiendas religiosas, políticas y mucho más.

Tregua Fecunda (1878-1895)

La cultura militar por supuesto, disminuyó su protagonismo durante la llamada Tregua Fecunda… no así la cultura política; es un período de paz relativa, temporal, parcial y aparente, durante el cual se fraguó la Guerra de 1895 de forma tal que no sufriera como la anterior, la excesiva y desangrante demora y llegara a todo el país ganando en organización y cultura militar, más breve, dinámica y efectiva, en lo que la cultura política continuó protagonizando. Con el Pacto del Zanjón en febrero de 1878 no cesaron las hostilidades: la Protesta de Baraguá en marzo, y la Guerra Chiquita alargaron la vida mambisa y la experiencia ya aportada. Es un período de profundas transformaciones sociales y económicas, con mayor influencia de los capitales y cultura de EUA (donde se gestarán los monopolios) por diversas vías incluidos muchos exiliados, que explica en 1898 lo que Lenin definió como la primera guerra imperialista: la Hispano-Cubano-Norteamericana, que escamoteará el triunfo mambí a nombre del gobierno de EUA, nuevo dueño de nuestra economía y por tanto, del país, lo que para la República naciente del siglo XX exigirá un concepto más profundo de independencia.

Durante esta “Tregua…” y por los capitales de EUA, es que los ingenios azucareros se transforman en centrales, métodos superiores de producción que cambiaron significativamente el paisaje rural cubano y crea las condiciones definitivas para abolir la esclavitud (1886), al desechar al esclavo en busca de asalariados, fortaleciendo la clase obrera cubana La misma, que por su extracción fundamentalmente hispana eran revolucionarios en cuanto a las luchas sociales pero mayoritariamente pro colonialistas, sobre todo durante la Tregua Fecunda, maduraron hacia la independencia, y al fundarse el Partido Revolucionario Cubano (PRC) en 1892 ya habían fundido sus intereses de clase a una nacionalidad cubana y estarían entre los protagonistas de la Gesta Invasora. Entre las primeras huelgas, la del 6 de mayo de 1890 (Talleres Ferroviarios de Ciénaga) es apoyada por los Ferrocarriles Unidos de Batabanó, lo que alcanza a otras regiones aun cercanas. Recuérdese que otros pro colonialistas como Landaluze, habían aportado sin embargo, los tipos plásticos del cubano, lo que exige dialéctica en los análisis culturales.

Aun vigente, se funda en Matanzas la potencia abakuá Fi-Etete-Efi (la mayoría son chinos y sus descendientes) y en el Barrio Chino habanero (se definirá con las nuevas inmigraciones chinas desde EUA) se empieza a oír la corneta china (comparsa Los Chinos Buenos) que en 1910, los soldados del Ejército Permanente (EUA) llevarán a Santiago de Cuba para definir así su actual sonido carnavalesco. El 6 de enero de 1884 se fija definitivamente la Fiesta de Diablitos (nombre despectivo contra los paseos de comparsas, sobre todo por los íremes ñáñigos), Día de Reyes del calendario católico, integrándose negros esclavos aun y horros o libres, pardos y muchos blancos disfrazados y enmascarados (fórmula ya exitosa para representar al “negrito” del teatro vernáculo, nueva manera rebelde de blancos contra la prohibición a los negros de su participación, al encubrir así sus identidades de piel que entre otros tantos elementos, nos diferenciaba de España) y se introducen otras fiestas, como nuevas procesiones.

Las leyes de inmigración pierden rigor y llegarán genuinas avalanchas (cada vez más) por ejemplo, de los hebreos (de 1906 data el Cementerio Hebreo de Guanabacoa) y otros muchos europeos huyendo del antisemitismo, las crisis (de España, sobre todo del norte, Galicia y Asturias ya tradicionales, pero no sólo) y los conflictos bélicos, así como los árabes. Sin más importaciones del África negra (que a su vez, morían muy jóvenes y por el racismo social, buscaban “adelantar” la raza), disminuye el color de piel negra y aumenta el mestizaje, mientras otras inmigraciones hacen que Cuba se erija como “la más blanca de las Antillas”, a pesar de las fuertes inmigraciones de braceros antillanos para una mayor diversidad en la cultura cubana, sobre todo anglocaribeños, a su vez diversos (sin obviar nuevas inyecciones haitianas y francocaribeñas en general); estos suelen ser los más marginados, (con la respuesta hermética que suele distinguir casos así como los chinos y otros, cada uno en su momento) por sus raíces anglófonas, que los nuclean (hasta la actualidad) sobre todo en torno al anglicanismo (episcopales) con otras etnias no solo anglófonas, incluidos criollos tradicionales, distintivamente por regiones cubanas, del sur oriental y la Isla de Pinos (sobre todo jamaicanos y caimaneros, más próximos en cada caso respectivo) al resto del país. Desarrollarán diversos oficios (zapateros, limpiabotas, lavado y planchado, etc.), sus recetas distintivas según cada isla y ocasión, su idioma (caimaneros pineros), el vudú haitiano y luego, los Rastafari desde Jamaica, y la respuesta racista contra el racismo, no menos nociva, como ha legado la négritude.

Del nuevo contexto surge el yambú,[34] se definen los primeros coros de claves del puerto a otros barrios habaneros, e incluso Matanzas, Cárdenas y Sancti Spiritus; el pregón identificaba la cubanía, surge la habanera[35]; a fines de siglo se verifica una ubicación zonal múltiple del complejo incipiente del son,[36] mientras surge el tres cubano en Baracoa (los primeros en cajas de madera para bacalao) desde donde ya en 1892, el guantanamero Nené Manfugás lo tocaba en las calles santiagueras; aun predominaba el zapateo como danza identificativa de nuestros campos hasta la segunda década del siglo XX, igual que las orquestas típicas o de viento, a las que luego pasarían instrumentos musicales como la paila criolla (percusión sobre todo para el danzón como sustituto del tímpani), que ya usaban las murgas callejeras al igual que la viola, descendiente de la vieja lira etiópica, aparece finalizando el siglo XIX como nuevo instrumento en la música cubana, además de otros genuinamente populares como cajones para rumba, cajas para los primeros tres, cuchara como percutor, sartenes en comparsas, etc. cada vez más lejos de “lo español”.

En La Habana, los repartos Carmelo y El Vedado durante la Tregua Fecunda,[37] (no es casual el Hotel Trotcha,[38] entre otros capitalinos[39]) y el ferrocarril y máquina de vapor, marcan el sistema de transportación urbana: ejemplo de ello es desde 1883 por calle Línea (definida en 1857 para comunicar el Torreón de la Chorrera a la bahía, entre las primeras extramuros, tras Calzada del Cerro). También en aquella cultura económica, había fábricas de carbón animal, canteras, caleras y yeseras para las construcciones que volvieron al auge, en una Cuba que ahora quedaba dividida en seis provincias, pues Occidente se dividió en Pinar del Río, La Habana y Matanzas para aislar más a la capital en caso de otro intento invasor independentista; el Distrito Universitario (creado en 1883) comprendía las seis provincias, aunque desde el siglo XIX ya había idea de crear una segunda universidad, ahora en el centro del país (Las Villas). Evolucionaban carruajes y modas,[40] mobiliario[41] y cultura culinaria,[42] que llega a identificar nuevas comunidades[43] y relacionar otras manifestaciones de la cultura a nuevas identidades.[44]

En 1879 el nacimiento del danzón[45] implicó una rebelión ética por su sensualidad, censurada en la estrecha e hipócrita moral colonial, pero se impuso como baile nacional hasta casi 1940. En 1882, una recopilación de guarachas incluye todos los tipos humanos y anticipa lo mejor de la que llamarían “la poesía mulata”. Surge la tonada trinitaria o fandanga en Trinidad, complejo musical que identifica tal región con elementos hispánicos, africanos y posiblemente, latinoamericanos, iniciado por Patricio Gascón al llevar allí tambores de cuña de raíz africana. El antiguo romancero popular de raíz hispana y las coplas, se revalidan al cancionero infantil y cultura lúdica y folklore en general, a menudo con doble sentido independentista como Mambrú se fue a la guerra. La Orquesta Torroella es la primera en Cuba del tipo “charanga francesa” (La Habana); en Santiago de Cuba, la Estudiantina Oriental es un tipo de orquesta que prolifera por otras ciudades con grupos estudiantiles, casi siempre jóvenes blancos; y con el habanero Serafín Ramírez (1833-1907) nace la crítica musical en Cuba. Muchos músicos mantenían vivo el espíritu bélico por la independencia, como Juan Cumbá[46] y Ramón Solís,[47] mientras se componían alegorías a la independencia, como la pieza bailable Los Campos de Cuba (santiaguero Ramón Uriola); canción A Cuba (camagüeyano Calixto Varona); guaracha Mi bandera cubana (habanero Enrique Guerrero) y la danza El Sol de Cuba (santiaguero Juan de Moya); aun en otra dimensión, han de valorarse también quienes entonces, desarrollaban la música cubana incluso en otros países, fueran intérpretes,[48] compositores[49] o maestros,[50] y aquellos otros aportes como el de Francisco Borbolla, quien a fines del siglo XIX introduce en Manzanillo desde París el órgano de manigueta para amenizar bailes.[51]

Entre las antologías publicadas en aquella Cuba, en 1878 Poetas de Color, por Francisco Calcagno, incluía a Plácido y a Manzano, un paso más hacia la abolición y la integración; Arpas Amigas (1879) agrupó a los poetas sobrevivientes de la Guerra de los Diez Años, entre otros: Francisco Sellén, Enrique José Varona, Esteban Borrero Echeverría, Diego Vicente Tejera, Luis Victoriano Betancourt y José Varela Zequeira, quienes protagonizarían este período de “Tregua Fecunda”. De 1881 son Tipos y costumbres de la Isla de Cuba[52] segundo monumento costumbrista de la literatura cubana, y el valiosísimo panorama Parnaso cubano (…) desde Zequeira hasta nuestros días… por Antonio López Prieto. En 1893 Manuela Herrera de Herrera (Condesa de la Mortera) publica la Colección de Escritoras Cubanas…() con vistas a la Exposición Universal de Chicago (EUA) por el IV Centenario del Descubrimiento de América, y Martí prologa Los Poetas de la Guerra, segundo gran monumento de poesía independentista (tras El Laúd del Desterrado, 1858) toda durante la Guerra de los Diez Años, breve volumen en el que se estima que el nombre más interesante es el del ya referido José Joaquín Palma; también se incluyen Santacilia, Quintero, Turla (1818-1877), Castellón y Luis Victoriano Betancourt. No se ha valorado tan bien en tanto poesía, como en recrear el patriotismo de aquella contienda y preparar para la próxima.

Francisco Calcagno[53] publicó el Diccionario Biográfico Cubano (1878-1886); entre 1878 y fines del siglo XIX, la prensa obrera llega a más de 20 publicaciones con sus irregularidades, sobre todo en La Habana y luego, en Las Villas; la más importante sería El Productor, considerada la primera publicación obrera en abogar por la independencia de Cuba, cuyo director, Enrique Roig de San Martín, muerto en 1889, se señala el primer marxista cubano, ideología que continuaría Carlos Baliño, compañero de Martí en el Partido Revolucionario Cubano. En 1894 comienza a publicarse La Política Cómica, cuya mayor popularidad será en el siglo XX como el órgano humorístico de mayor circulación en América Latina, pero ya prohijaba un personaje “tipo” del campesino cubano: el Liborio, del dibujante Ricardo de la Torriente, sobre los cánones plásticos establecidos por Landaluze. Con el santiaguero Diego Vicente Tejera (1848-1903), fundador de El Almendares,[54] entra el socialismo utópico en Cuba; había una importante trinchera independentista con la prensa en la emigración, y otras publicaciones de otro carácter e interés cultural.[55]

Ramón Meza[56] logra la más fresca y menos erosionada por el tiempo de todas las novelas cubanas del siglo XIX: Mi tío el empleado (1887), uno de los mejores momentos del costumbrismo cubano; su Carmela (1886, influida por Cecilia Valdés) es la primera novela realista cubana, sobre los amores entre un blanco y una china. Justo a Cecilia Valdés, Martín Morúa Delgado responde objetándola en 1891 con Sofía; un romanticismo tardío continuaba en los folletines y Los Misterios de Paris tuvo Misterios de Cuba y Los Misterios de La Habana (1879, de Pedroso de Arriaga) al corte de las novelas de Eugenio Sue, si bien Mozart ensayando su Requiem (1881, de Tristán de Jesús Medina) sería revalorada por Cintio Vitier.[57] Pero sobre todo sustituye al neoclasicismo de casi medio siglo en la pintura, donde por su idealismo universal ha sido acusado de “no reflejar lo cubano” obviando que logró exponentes notables cuyos nombres bastan como aporte al patrimonio cubano, aun cuando metamorfosearan un paisaje a la nostalgia; a fines del siglo XIX predomina en la Academia (San Alejandro) un naturalismo y realismo mezclado con romanticismo. Desde 1878 Miguel Melero es el primer cubano que la dirige; aunque criollo, era de la máxima confianza colonial y no había estudiado aquí sino en el Liceo Artístico y Literario, más controlado por la colonia que la afrancesada Academia. No obstante, en la República sería ratificado como director, justo por su nula controversia a ningún régimen imperante, y entre sus temas más bien históricos se destacan sus frescos en la capilla de la Necrópolis de Colón; pero el primero y más representativo de los paisajistas es el matancero Esteban Chartrand (1840-1883) con El Torreón de la Chorrera y El interior de un ingenio. Muy revolucionario en aquella Academia fue permitir entonces a mujeres; las primeras alumnas serían Elisa Vecino y Roltar, Marta Valdés y María Luisa Cacho Negrete; antes que ellas, sólo se conoce en las artes plásticas cubanas una mujer: la santiaguera Baldomera Fuentes (1808-1877)

En 1878 regresa Nicolás de Azcárate a Cuba y revive sus célebres tertulias, pero ya no en Guanabacoa, sino en la casa de J. M. Céspedes entre 1882 y 1886, con Manuel Sanguily, Diego Vicente Tejera, José Fornaris, Saturnino Martínez, Eliseo Giberga y otros; al sistematizarse, en vez de tertulias las llamará “conversaciones literarias”, y al reanudarlas en su casa de La Habana, proclamó el objetivo inicial de dar a conocer los escritores de México (uno de los países donde había vivido). En 1882 pretende concluirlas para dedicarse a otras actividades literarias; proliferaron las tertulias en La Habana entre 1880 y 1881, muchas de ellas en las sociedades de recreo e instrucción como el Unión Club, otras en la redacción de periódicos como El Fígaro y La Habana Elegante, pero a las de Azcárate sólo le sucedió dignamente las de Luis Alejandro Baralt desde 1880, que incentivaba la participación femenina con más logros en ello que sus predecesoras. Cuando la casa de Baralt resultó pequeña, continuaron en el teatro Jané, donde surgió la idea de propiciar una sociedad en función de la cultura femenina, por lo que para ello, en 1882 surge el Nuevo Liceo de La Habana, apoyado por Baralt y Azcárate y que alcanzaría gran auge con extensos salones que arrendó permanentemente el teatro Albisu para celebrar allí sus veladas y fiestas, donde hicieron sus primeras presentaciones altos nombres como Julián del Casal y José de Armas y Cárdenas, y tuvo funciones de ópera; Azcárate fue su primer presidente de forma perpetua y se le consagró, y al abandonar su dirección por la difícil situación política y económica del país poco antes de 1895, este Nuevo Liceo de La Habana desapareció. Mientras, en 1891, en un pequeño salón del teatro Alhambra, nacía una tertulia que duró muy activa hasta 1935 y que llegó a ser muy conocida en toda Cuba y en el resto del mundo, donde se hablaba de literatura, teatro y arte en general, de política, etc. y llegó a ser visitada por intelectuales relevantes de otros países, entre ellos españoles como Vicente Blasco Ibáñez, Ramón del Valle Inclán, Federico García Lorca y Jacinto Benavente.

Proliferan los liceos y sociedades culturales: en 1878 se funda el Liceo de Regla, con fines más políticos que artísticos, cuyos primeros directores (Nicolás Giralt Palat y Antonio Rodríguez Parra) se vinculaban a la emancipación, y el 29 de enero de 1879, Martí es nombrado socio de su Sección de Instrucción. En 1887 se funda el Liceo de Santa Clara donde ya había biblioteca desde 1857 y desde 1885, su Sociedad Dramática y su teatro La Caridad; en 1890 en Cienfuegos, el teatro Terry continúa por el resto de Cuba los majestuosos teatros, cuyo auge constructivo se ubica entre 1880 y 1890, mientras en la capital, en 1890 se funda la Sociedad Anónima de Instrucción y Recreo del Vedado donde hoy está el teatro Mella,[58] lo que completa el casco histórico del reparto Vedado, que en 1892 incluye la Parroquia del Vedado,[59] mientras en el vecino Carmelo desde 1883 se erigía la Iglesia para la Virgen del Carmen.[60] En 1879 se quiebran los diez años del estancamiento teatral que databa de los sucesos del Villanueva y, con Miguel Salas, reaparecen los bufos, tan esperados por sus éxitos de otrora, con nuevos autores como Ignacio Sarachaga y Raimundo Cabrera y Bosch,[61] aunque sin verdadera creatividad, serían minados ahora por la chabacanería y el mal gusto, con imagen exotista, deformada y peyorativa del negro y del gallego, sin más valor que rescatar aquellas imágenes prebélicas y recrear lo más humilde y popular de la cubanía. Entre el citado Payret y 1890, se fundan otros tres teatros en La Habana, como el (de Ramón) Irijoa en 1883, llamado Martí en el siglo XX, mientras otras cimas teatrales de antaño polemizan políticamente, como es el caso del Conde Kostia.[62]

El resto de la literatura refleja similares polémicas políticas, como demuestran los habaneros Aurelio Mitjans[63] y Julián del Casal,[64] quien con los también habaneros Manuel de la Cruz[65] y el primero y más trascendente aún (por vincular el arte con otras luchas sociales) José Martí, iniciaron el modernismo mundial, versión hispana del Art Nouveau, cuyo hito en España sería la Generación del 98, cuando ya se había detenido en Cuba por la guerra hasta iniciar el siglo XX en el llamado postmodernismo cubano, mientras en Hispano América triunfaba el modernismo con el nicaragüense Rubén Darío y otros, pero estos tres precursores habaneros ya habían fallecido. Martí, justo por su trascendencia, merece (entre otros componentes de aquella cultura cubana durante la llamada “Tregua Fecunda”) vincularse más a una próxima monografía, cuando la cultura mambisa volverá a protagonizar hasta el triunfo independentista, por el que tanto luchó.

Notas



[1] (1819-1870) que del siboneyismo (publicó en La Piragua, 1855) evolucionó al independentismo y llegó a General del Ejército Libertador hasta que en 1870, es apresado y fusilado por los españoles.

[2] No era la bandera que hoy identifica a Cuba, la cual traída por Narciso López en 1851, enarbolaban entonces los insurrectos camagüeyanos con tendencia anexionista y que se impuso definitivamente en la Asamblea de Guáimaro de 1869; sino la bandera de Céspedes, con similares símbolos en otro diseño: la estrella solitaria, el azul del cielo cubano, el rojo de la sangre derramada y el blanco de la pureza de los ideales; los tres colores de las banderas de revoluciones previas en EUA y Francia.

[3] Soldado, músico y médico (remeda la cultura de salud e higiene entre los mambises, médicos y enfermeros de ambos sexos, profesionales e improvisados por las circunstancias, pero imprescindibles), nativo de Camagüey, donde estudió y cayó en combate el 8 de marzo de 1872 en San José del Chorrillo. Antes de él, los primeros toques militares eran adaptaciones de contradanzas cubanas popularizadas, pues la cultura mambisa se negaba a usar los mismos toques del Ejército Español, por lo que como toques militares mambises para las distintas ordenanzas, se oían fragmentos de La Caringa, Mano Abajo, María La O, El Obispo de Guinea… hasta que Eduardo Agramonte compuso 20 toques: atención, formación, marcha, alto a la marcha, fuego, alto al fuego, al machete, retirada, relevo de guardia, orden, desensillar, retreta, silencio, derecha, izquierda, marcha de caballería, marcha de la bandera, agua, diana y botasilla. A partir de estos toques, que se mantuvieron hasta 1878 y se revitalizaron en 1895 hasta 1898, hubo cornetistas con los máximos Generales mambises.

[4] Bayamo, (1844-1911); incorporado a la lucha emancipadora desde los mismos inicios de la contienda reclutando hombres, cuando Céspedes tomó Bayamo fue designado entre los regidores del Ayuntamiento Cubano de la Ciudad por el nuevo gobierno; con Ramón Céspedes Borrero presentó una moción para abolir la esclavitud, ayudante de confianza de Carlos Manuel de Céspedes; en 1873, viaja a Jamaica buscando fondos para la causa mambisa, y continúa por New York, París, Sur y Centro América, ayudando a los cubanos dispersos incluso el dominicano Máximo Gómez, que lideraría la gesta; en 1879 el presidente de Honduras le entregó la Medalla de Oro por patriota y por poeta. Fue quien escribió el Himno Nacional de Guatemala y quedará incluido por Martí en la antología Los Poetas de la Guerra (1893) entre los que es considerado el más brillante; poeta zorrillesco aun apegado a destiempo a los ya antiguos moldes románticos.

[5] Impreso con criterios políticos que enjuiciaban el trabajo de quienes dirigían la Revolución con el actual concepto de “libertad de prensa” para mayores polémicas y dificultades, incluso internas.

[6] Título que remite a la más arraigada cultura popular, su sistema de dichos y refranes y en su doble sentido, tenacidad ante la lucha y la frustración reformista ante las autoridades colonialistas que no admitían otra solución. Comedia costumbrista bufonesca de Juan Francisco Valerio, considerado costumbrista al disfrutar la pintura de los “tipos” locales. En la función del día anterior, ya el actor Jacinto Valdés concluía su guaracha con un “viva Céspedes”, por lo que fue multado; se dice que las damas acudían vistiendo los colores de la bandera cubana y con la flor de la mariposa. Amenizaba la función la orquesta La Flor de Cuba, dirigida por Juan de Dios Alfonso (San José de las Lajas, 1825 - Guanabacoa, 1877) el 22 de enero de 1869, cuando los voluntarios pro colonialistas (paramilitares) agreden salvajemente al público asistente y al elenco, provocando varias muertes (se han referido dos mujeres y dos niños entre las víctimas) con lo que la gesta independentista alcanzaba hitos en plena capital y en el teatro, agudizando el odio contra el colonialismo y sus lacayos.

[7] La escena mambisa llegó a comentar, por ejemplo, “qué lindos son los colores de la bandera cubana”; proliferó en dramas, sainetes, loas, alegorías, juguetes cómicos, discursos retóricos, y se llenó de mambises, soldados, voluntarios, esclavos libertos, abnegadas damas, héroes y traidores e incluso, personajes históricos como Céspedes y el peruano mambí Leoncio Prado… los españolizantes eran por lo general de menor calidad literaria y dramatúrgica: Zafra, Manuel Martínez Otero, Ramón Gay, José E. Triay, Luis Martínez Casado…

[8] No obstante la represión y que el Cervantes, dedicado al bufo desde 1868, fue cerrado temporalmente al ser considerado vocero independentista, entre 1868-1878 se construyen tres teatros en La Habana, así como otro en Sagua la Grande en 1877, mientras iniciaba en la capital el de José Payret (apellido con que por la tradición popular se le reconoce) rebautizado como La Paz en homenaje al Zanjón, con lujosa ostentación: estructura de hierro, techo de Bélgica, decorados pintados en París y Barcelona, lunetas construidas en New York, sillas y palcos de Viena…

[9] Dramaturgo complicado en la Revolución de 1868 cuando lo detienen y envían a La Cabaña y en 1869, a Fernando Poo; continúa aportando a la dramaturgia mambisa. Escapa de la cárcel a New York y Colombia, regresa en 1878, en 1894 vuelve a Colombia y en 1898 se radica definitivamente en Cuba. Fue Ministro Plenipotenciario en Colombia, y Caballero de la Orden del Mérito Agrícola de Francia.

[10] (1845-1879), quien colaboró directamente en la causa mambisa, elogiado por Martí y por Luisa Pérez de Zambrana por su papel relevante al revitalizar la poesía cubana.

[11] El 29 de mayo de 1870 su hijo Amado Oscar (22 años de edad) es apresado por los españoles, Céspedes no acepta el chantaje y se reconoce no sólo padre de Oscar, sino de “todos los cubanos”; Oscar es fusilado, se debilita el argumento de nepotismo contra Céspedes, cuya esposa Ana es también apresada el 31 de diciembre de 1870.

[12] Fecha que aprovechaba el coetáneo alzamiento de Puerto Rico, previendo que España no podría contra dos sublevaciones a la vez.

[13] Bayamo, (1819-1874). Ex discípulo del Seminario de San Carlos, Bachiller en Derecho (licenciado en España), viajó por Francia, Bélgica, Inglaterra, Suiza, Alemania, Italia, Grecia, Turquía, Palestina y Egipto, conoció Portugal y Holanda, estudiando en todos y cada uno de ellos su historia y sistema de instituciones políticas al dominar varios idiomas. En 1844 ya formándose políticamente (sobre todo por el liberalismo español y los libertadores latinoamericanos) regresa a Cuba y en Bayamo es abogado y director de la Sociedad Filarmónica y de su Sección de Declamación. Síndico del Ayuntamiento de Bayamo en 1849, preso tres veces entre 1852 y 1855, colaboró en publicaciones de La Habana, Bayamo y Manzanillo (en esta última fue redactor) y comenzó a conspirar en la logia masónica Buena Fe, constituida en Manzanillo en abril de 1868. Intelectual connotado de entonces con Francisco Maceo Osorio (tercer jefe de la conspiración previa tras Perucho Figueredo y Francisco Vicente Aguilera, el más rico de los hacendados orientales y centrales del país, Oriente entonces era prácticamente rural excepto Santiago y en menor grado, Bayamo) encabezando la conspiración, amantes todos de nuestras raíces culturales hispanas pero nunca reformistas ni anexionistas. Céspedes y Maceo Osorio eran el principal centro de animación cultural en Bayamo: música, literatura, hablaban de arte y de los problemas cubanos, siempre independentistas; ante las indecisiones de Aguilera y prevista su detención al interceptarse un mensaje, adelanta el alzamiento, libera a sus esclavos y suscribe la Declaración de Independencia; alzamiento al inicio local y alrededores de Manzanillo, con muchos opositores, sólo se le integró Salvador Cisneros Betancourt. Occidente (el 10 % del país pero 90 % de las riquezas, apoyo que mucho importaba a Céspedes) no llegó a devenir escenario de las batallas militares; la guerra estalla por la crisis entre los más radicales y menos ricos hacendados de Oriente y Centro, con menos que perder y menos poder directo colonial.

[14] A la clásica manera de los revolucionarios burgueses europeos (fue importante traductor de franceses y latinos) expone causas y concepciones, en apariencia de los hacendados conservadores surorientales solicitando inmigración blanca, abolición gradual de la esclavitud indemnizando a los propietarios, interpretación liberal de la legislación española sin cambiarla, poder centralizado para unificar la lucha, sin que Cuba tuviera mayores experiencias previas en cultura militar, por lo que Camagüey y Las Villas lejos de entenderlo, se opusieron acusando a Céspedes de dictador como los caudillos latinoamericanos que daban al traste sus respectivas independencias. El regionalismo hizo mella, Camagüey asumió que Oriente quería la tea incendiaria para destruir Camagüey y quedar al frente del país. Pero ya es manifiesto independentista sin mendigar reformas. También es cierto que para el mando único se necesitaban varios Céspedes que no los había, que a pesar de su inexperiencia militar y no haber sido el jefe principal inicial, sí podía acometer.

[15] Abril de 1869 en esta región camagüeyana. Sólo la madurez y visión de Céspedes evitó el choque abierto interno. Logró una República en Armas unificada, pero no unida. Primó el civilismo por la conciencia y cultura jurídicas de Céspedes y muchos jóvenes habaneros y camagüeyanos con interpretaciones mecanicistas impostadas a aquella Cuba (el mecanicismo era pensamiento en boga en el mundo entonces) con la tan saludable influencia de la Revolución Francesa; defendían el derecho civil de insubordinarse al mando militar, de donde derivaron serias contradicciones entre lo civil y lo militar y se impuso el regionalismo y una burocracia que laceraba la autoridad militar necesaria en tiempos de guerra, todo lo cual atentaría contra el éxito. Garantizaba el derecho de expresión, libertad de palabra, de culto y de religión, de educación, pero sin insinuar transformaciones económicas ni repartir las riquezas nacionales, como toda constitución burguesa muy avanzadas entonces, pero impostadas a Cuba. Las cuatro regiones (Oriente, Camagüey, Las Villas y Occidente) obtuvieron igual número de delegados de forma mecanicista, sin considerar los poblamientos e identidad de cada una, ni que Occidente no era escenario…lo cual se denominó “tiranía del número”. Las provincias más pobladas no fueron las más representadas (Oriente con solo cuatro delegados, entre ellos Céspedes, lo más avanzado; y Las Villas) y los occidentales que acudían a la lucha al Oriente, eran mayoritariamente interceptados por los regionalistas villareños y camagüeyanos que así, captaban su apoyo, con otra extracción e intereses de clase. El mando militar queda subordinado al civil contra la centralización por la que luchaba Céspedes en pos de la unidad, hasta extremos regionalistas mucho más dañinos que el presumible caudillismo del que acusaban a Céspedes.

[16] Habanero, (1846-1922), delegado a la Asamblea de Representantes del Centro, participó en la organización civil de la guerra y en la expedición del Galvanic, Opuesto a la “tiranía del número”. 1873: representa a la Revolución en el exterior; 1875: publica en Chile El negro Francisco (la más netamente romántica, su directriz histórica cedía paso al costumbrismo antiesclavista), inspirado en el Francisco de Anselmo Suárez. 1880: expulsado por liberal, regresa a Cuba. 1881: Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Costa Rica en Nicaragua, devino autonomista todo el resto del siglo XIX hasta 1912, por lo que los independentistas lo consideraron traidor. No regresa a Cuba hasta 1910, nombrado Ministro Plenipotenciario de Cuba en Ecuador, a partir de su pasado patriótico y en el nuevo contexto demagógico manipulador.

[17] Incluía entonces todo (el hoy oriente matancero de) Colón y todo (el luego occidente camagüeyano de) Ciego y Morón; con mayores relaciones con los hacendados habaneros, y con cultura y proyección política híbrido camagüeyano-oriental, se declaran partidarios de Céspedes. Más divididos que Camagüey, y con más esclavos que Camagüey y Oriente juntos, al final decidieron liberar sólo al esclavo que se presentara para la lucha por sus propios dueños.

[18] En el artículo antecedente inicialmente citado (Conformaciòn de la cultura independentista cubana); como poeta civil aportó los más nobles acentos tras Heredia.

[19] Guanajay, La Habana, 1813-1875, su situación más difícil en aquella Cuba por su postura anticolonial.

[20] Habanero, (1843-1885), igual que su padre entre lo más representativo del costumbrismo y poeta, en la manigua presidió la primera Corte Marcial y Diputado, Secretario y Presidente de la Cámara de Representantes de la República en Armas; orador, periodista, autor de la leyenda indigenista La Luz de Yara, incluido en Arpas Amigas (1879) y por Martí en su antología Los Poetas de la Guerra (1893)

[21] Habanero, 1847-1905, máximo exponente del nacionalismo musical cubano, el Capitán General de la Isla lo acusa de que el dinero recaudado por sus conciertos iba a manos insurrectas y tendría que irse de Cuba, y él responde que continuaría haciendo “lo que en Cuba hacía” (según Alejo Carpentier en La Música en Cuba) y en efecto, en EUA y México dio importantes conciertos de contribución a los mambises, igual hará durante la Guerra de 1895-1898 y al concluir esta y tras haber dirigido la Orquesta del Teatro Tacón, dirigirá la Orquesta de la Sociedad Anónima de Instrucción y Recreo del Vedado.

[22] Por ejemplo, un artista de circo ofreció función especial al periodista irlandés O´King en 1871 en plena manigua con la escolta de Céspedes, con un buen payaso de circo negro que hizo una pantomima (más bien, una arlequinada) en representación unipersonal sin diálogo.

[23] (1830-1896). De familia independentista, él se mantuvo en el extranjero asimilando el romanticismo más evasivo y nostálgico, pero su incuestionable desarrollo técnico mucho aportó al patrimonio cubano.

[24] (1851-1891). Con la guerra, en 1868 emigra a EUA, regresa en 1871 y va a París; amigo del genial italiano Giuseppe Verdi, tiene obra fuera de Cuba sobre algunos cubanos como Tula y otros extranjeros como el francés Víctor Hugo, entre otros, cuya simpatía por la independencia cubana era harto conocida. Entre sus óperas hay títulos tan sugestivos para aquella Cuba por su independencia, como Las Primeras Armas de Richelieu (1871, escrita en Cuba) o Angelo, tirano de Padua (1867, escrita en Cuba, sobre el drama homónimo de Víctor Hugo) aunque su mayor cubanía se le ha reconocido en sus contradanzas y otras piezas criollas como La Virgen Tropical y Adiós a Cuba.

[25] Nacido en 1830, desde 1869 se radicó en México hasta su muerte, pero durante toda la Guerra de los Diez Años, sus contradanzas serían muy populares en Cuba.

[26] Habanero, (1823-1910). Su aporte radica en sus conciertos y labor de enseñanza musical.

[27] Batista cantó el Te Deum y puso la causa revolucionaria bajo protección de Dios en solemne ceremonia con Céspedes y todo su Estado Mayor; Soleliac repartió escapularios y estampas de la Virgen de la Caridad entre los soldados. Detenidos por los españoles cuando retomaron Bayamo en cenizas y conducidos a Santiago de Cuba, el octogenario Batista muere privado de libertad y de todo recurso.

[28] Los recibió y dentro del templo del Bayamo recién liberado, bendijo por primera vez la bandera de Céspedes, los estimuló en el primer año del Grito de Yara, colaboró en los campos de Guaimarillo… tras la misa discursaron Céspedes, Zambrana, Figueredo Morales, Pérez Trujillo y el propio padre Izaguirre; pronunció el primer sermón en la primera misa de campaña y murió en la manigua mambisa.

[29] Cura párroco de Manatí, el 20 de octubre de 1868, en diciembre parte desde Santiago de Cuba para incorporarse a los mambises; llegó a Coronel, y cuando el Zanjón obtuvo permiso para ofrecer una misa de campaña a los insurrectos que capitulaban. Capellán y auxilio material y espiritual mambí 1868-1878.

[30] Capellán de la Iglesia de Santa Lucía, se mantuvo en guerra hasta 1872 cuando embarcó a Venezuela, donde murió.

[31] Entonces aun seminarista, con otros condiscípulos quiso incorporarse a las tropas de Silverio del Prado, pero fueron devueltos a sus hogares por ser aun muy menores de edad.

[32] La Corona española, en gesto de pretendida independencia papal, nombra al presbítero Pedro Llorente por la fuerza pública como Arzobispo de Santiago, lo cual no fue aceptado ni por el clero ni por los fieles; el Vicario capitular Obrera Carrión es apresado, y contra él Roma dicta excomunión mayor; la sede quedó vacante hasta 1875, cuando el presbítero José Martín Herrero y de la Iglesia fue designado al puesto, y tuvo que reconstruir todos los templos destruidos por la guerra y luchar contra sus consecuencias psicosociales.

[33] Agrupadas peyorativamente por la Iglesia católica papal como protestantes, aunque distintivas entre sí y algunas con organización universal igual que los católicos papales, como los anglicanos, llamados episcopales en América, con sede en Londres.

[34] La primera y más antigua forma de rumba (“rumba de tiempos de España”), lenta y mimética expresión acabada de tales transculturaciones en nuestros diversos componentes étnicos, lingüísticos, musicales y danzarios, que para las primeras décadas del siglo XX originará desde la rumba de cajón (sobre todo con los cajones de bacalao importados de Noruega) nuevas agrupaciones musicales en la evolución de la rumba a los grupos de guaguancó y a la columbia.

[35] Agregándole letra a la contradanza precedente (para algunos luego, simplemente “danza”), surge como manifestación bailable (luego quedará solo para ser escuchada), que penetra en compositores de otros países y renombre internacional, como Albéniz, Ravel, Bizet, Debussy, Faure y Saint-Säens, e influye en otros países latinoamericanos, como para el tango argentino.

[36] Desde los suburbios montuneros de algunas ciudades orientales como el changüí entre los primeros, en Guantánamo; pero también el sucusuco en la Isla de Pinos, entre otros.

[37] (1859-1860), detenidos por la guerra, florecen literalmente, por sus jardines y arbolado urbanístico, atracciones ambientales de baños de mar, aves cantoras de bello plumaje, paseos a caballo, ciudad desde el bosque, parques y parterries, modernidad e higiene… De entonces sus casonas más antiguas a ambos lados de calle Línea, Calzada e inmediatas, arquitectura climática con vitrales y lucernas, rejas y verjas, hierro artístico de la industria inglesa.

[38] Salón Trotcha (1886) Calzada entre Paseo y 2, luego Hotel, del catalán Buenaventura Trotcha Fornaguera, llegó a brillar para la hotelería cubana hasta tercera década del siglo XX; jardines, agua corriente en las habitaciones, baños privados, la mejor cocina francesa que afama toda esta costa del Vedado, frecuentado por eminencias de la cultura cubana y universal: Sarah Bernardt y muchos más.

[39] Cercano al Trotcha, el restaurante Arana del hotel en la desembocadura del río Almendares, que entre otros aportes, se destaca para la culinaria con el “arroz con pollo a la chorrera”. O el hotel Inglaterra, cuya “acera del Louvre” (nótense nombres no hispanos) proliferó de jóvenes y actitudes independentistas, sobre todo entre 1880 y 1890.

[40] Desde la calesa hasta el quitrín o volanta (nombre por su flexibilidad, como si volara) mucho mayor, con el caballo de tiro más alejado; llamado quitrín (del inglés) por el catrín o cadena homónima que al inicio, portaban. En él solían viajar tres damas, la más joven al centro. Las mayores vestían de negro para salir, y las más jóvenes de blanco, por la pureza. Los peinados eran para realzar los vestidos, y abundaban otros elementos como los abanicos, que constituyen toda una cultura y simbología.

[41] Durante toda esta segunda mitad del siglo XIX, llegaron a Cuba toda una serie de revivals de muebles clásicos europeos, sobre todo inspirados en Luis XV y Luis XVI, llamado Segundo Imperio en Francia y estilo Victoriano en Inglaterra (nótese: no hispanos) y en Cuba, medallón por la forma de los respaldos, o neorrococó; muchos de ellos importados por sus dueños, otros producidos en Cuba; la opulencia de la sacarocracia cubana llevó a la variedad en el mueble cubano de gran calidad y belleza, incluidos muebles especializados como vajilleros, coperos, canastilleros, jugueteros, mesas y asientos. En una arquitectura cada vez más pulida y académica del neoclasicismo (mansiones palaciegas por ejemplo en El Carmelo y El Vedado, herederas del Cerro), los muebles de EUA desplazan lentamente a los europeos y sobre todo, a los españoles, adueñándose en el siglo XX de todo el mercado. Nuestra identidad y producción superaba y trascendía a toda imposición, y en lo que protagonizaban las inevitables transculturaciones.

[42] A la cocina francesa (repostería, salsas, gusto por mariscos tan afín a nuestra identidad ecológica y tradiciones precolombinas) se agregaría la de EUA, paulatinamente; en Matanzas por ejemplo, Nora Hernández “Chiquitica” a fines del siglo XX, había detectado cientos de recetas (incluye bebidas) de las más diversas comunidades de todo tipo: residenciales, étnicas, religiosas, etc. Y muchas más en todo el país, según los aportes de cada etnia y en cada comunidad, como en Oriente, el pru; el congrí oriental (Baconao); el coco (a veces con naranja) y chocolate en pasteles y cucuruchos, choco-coco y coco-leche en Baracoa; los frijoles dulces y el dulce de ají en Yateras; el cerdo a la santiaguera, el paricel manzanillero y un vasto etcétera, apuntando a nuestra rica diversidad comunitaria. Cuba se identificaba más por la forma de cocinar, que por el alimento en sí, dados los cocineros africanos y chinos (y sus descendientes) para paladares europeos en nuestra identidad ecológica. Tasajo y bacalao (comida típica del esclavo) pasa a ser plato nacional, y según “Chiquitica” la comida criolla cuaja cuando al ajiaco se le deja de echar garbanzos; el condimento en Oriente es distinto, en Camagüey gusta la ensalada con azúcar, y están la caldosa tunera, el mollete melenero, la panolla matancera, etc. Cuba se considera el país tropical que menos picante emplea, lo que nos diferencia de África.

[43] El pan con guayaba (timba, por la marca del tren inglés que la traía envasada, Timber) que a módico precio se vendía en una bodega en Zapata y A, a los carros mortuorios camino al Cementerio, mientras los mulos abrevaban, dio lugar al barrio marginado Pan con Timba, o La Timba.

[44] El aliñado se comienza a preparar al conocerse el embarazo, se brinda a los que visitan al recién nacido y se sirve cuando este cumple sus 15 años; la cultura comercial culinaria es la que más alimenta al pregón e incide también en las identidades comunitarias. Se hereda de la esclavitud en algunos sectores, la costumbre de no desayunar sino algún reconstituyente energético.

[45] Las Alturas de Simpson, de Miguel Faílde, en el lugar homónimo en Matanzas.

[46] Contrabajo y figle, sobre todo acompañaba en orquestas a óperas y zarzuelas; en 1881 tuvo que exilarse amenazado por el gobierno por sus actividades patrióticas, y durante años dirigió la Banda Federal de Veracruz (México)

[47] Flautista de Sagua la Grande (1854-1891) amigo de Martí, ofreció conciertos recaudando fondos con fines patrióticos.

[48] Entre los concertistas, la matancera Natalia Broch de Calvo (1830-1876) nos representó por el mundo, así como el español hijo de cubanos Manuel Mauri (Valencia, 1857-1939); el trinitario José Julián Jiménez; el cornetista habanero Manuel Pérez (1863- ) ya en 1890 se cuenta entre los precursores del jazz en EUA. El cornetista trinitario José Julián Jiménez y su larga tradición familiar en Alemania; el camagüeyano Lino Boza, la cantante camagüeyana Elisa Agüero…

[49] El cienfueguero Tomás Tomás (1820-1888); o el habanero Jorge Anckermann (1877-1941), quien crea otro género musical cubano: la guajira.

[50] El habanero Fernando Arizti (1828-1888) y su hija Cecilia (1856-1930); los hermanos camagüeyanos Peyrellade, el vasco José Echániz (1860-1926) y el violinista habanero José Domingo Bousquet (1823-1875); los camagüeyanos Oliverio (1844-1923) y Gaspar Agüero (1873-1951); el santiaguero Rafael Salcedo (1844-1917); el habanero Lorenzo Carriazo (1840-1899), y entre los matanceros, el guitarrista Félix Crucet y el pianista Antonio Torroella (1856-1934) y su hijo el violinista Juan (1874-1938) con conciertos en Francia, EUA y Canadá, quien regresa a Cuba en 1899 para un memorable concierto en el teatro Sauto de su Matanzas natal.

[51] Origen del órgano oriental; se comenzaría a construir en Cuba y a proliferar por Holguín, Bayamo, etc.

[52] Prologado por Antonio Bachiller y Morales, con ilustraciones de Landaluze (quien también había ilustrado el precedente de 1852), fue la base para los estudios ulteriores del folklore cubano, aunque el costumbrismo de entonces (modalidad del realismo y el naturalismo) enlazaba con la filosofía europea (sobre todo francesa) que a la sazón predominaba en el materialismo: el positivismo.

[53] Güinero, (1827-1903). Creó en Güines la primera biblioteca, la primera imprenta, la primera Academia de Idiomas y el primer periódico. Avanza sobre el problema del negro en Cuba, y en 1891 escribe su novela Romualdo o uno de tantos, que el Gobierno español secuestraría.

[54] (1881-1883). Dirigida por Pablo Hernández, llega a publicar incluso el artículo de Martí sobre las teorías del inglés Charles Darwin, entre lo más avanzado de la ciencia mundial de antaño.

[55] Como La Revista Cubana, dirigida por José Antonio Cortina y Enrique José Varona con tertulias, para mostrar los orígenes del desajuste nacional; y Hojas Literarias, de Manuel Sanguily con Enrique Piñeyro.

[56] Habanero, (1861-1911). Novelista y crítico de teatro. Durante la Guerra de 1895 será Profesor Supernumerario de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana.

[57] Al iniciar la novela cubana se precisa rectificar un error en el texto previo, Conformación de la cultura independentista cubana, en esta misma revista Calibán # 6, enero-marzo 2010, al referir correctamente a Francisco de Paula y Gelabert en la nota 53, pero en la nota 25 se mencionaba en otro contexto y con otros datos que realmente corresponden a Francisco de Paula Serrano; por lo que se solicita disculpas.

[58] Hereda la más refinada cultura de la sacarocracia de antaño, que sufriría en la década siguiente los embates de la enajenación cultural de los “nuevos ricos”, pero legó las dos primeras comparsas locales: una “de señoritas” y Las Naciones (anunciaba la inminente identidad cultural local cosmopolita), óptima vida teatral y musical, fiestas de disfraces, la “Fiesta de las Flores”, su propia revista, introducen en Cuba pasos danzarios como el two-steps (EUA), el Día del Árbol para el ambientalismo cubano, se le vinculan artistas independentistas como Ignacio Cervantes, los Valenzuela, y un vasto etcétera de valores.

[59] Comienza la tradicional fiesta local del Corpus Christi, de la que Cuba había sido pionera en Hispanoamérica. El patrono local es el Sagrado Corazón de Jesús del Vedado.

[60] Santa patrona local, concebida desde 1857.

[61] Habanero, (1852-1923). Apresado en 1869 al tratar de unirse a Céspedes; tras 10 meses de cárcel en la Isla de Pinos vuelve enfermo, va a España y al regresar a Cuba funda el Partido Autonomista, que abandona en 1893. Durante la Guerra de 1895 viaja por España, Francia y EUA y se afilia al pensamiento liberal burgués, desprecia a Maceo, Gómez, etc. Achaca a EUA la independencia de Cuba; lega al teatro el llamado género chico cubano.

[62] Seudónimo del dramaturgo y crítico teatral Aniceto Valdivia (Sancti Spiritus, 1857-1927) enjuiciado y encarcelado durante la Tregua Fecunda por “graves ofensas a la Madre Patria”.

[63] (1863-1889). Dejó inconcluso su estudio sobre el movimiento científico y literario de Cuba, con lo que aportaba la primera historia de las letras cubanas hasta 1868. Según Manuel de la Cruz, que lo llamó “Heraldo de los Poetas de la Revolución”, su poesía refleja el tránsito del autonomismo al separatismo. Mitjans pensaba reunir sus versos patrióticos en un volumen que llamaba Recuerdos del tiempo heroico.

[64] (1863-1893). En 1870 ingresa en el Real Colegio de Belén y con algunos compañeros, funda el periódico clandestino y manuscrito El Estudio, donde publica sus primeros versos; su serie de artículos “La Sociedad de La Habana” en La Habana Elegante (el primero de ellos sobre el Capitán General Sabas Marín y su familia) le costó su puesto de escribiente en la Intendencia General de Hacienda. Casal enlazó con el modernismo inicial del mexicano Manuel Gutiérrez Nájera y del colombiano Asunción Silva, continuados por otros como el mexicano Salvador Díaz Mirón. El modernismo cierra la vida cultural decimonónica y colonial cubana con una sátira social más aguda, directa y personal que el costumbrismo al que algunos lo han reducido; se basaba en el parnasianismo francés: l´art pour l´art, pero Casal se vinculó a la emancipación, más allá de que sus aportes literarios y culturales en general contribuían al desarrollo de la cultura cubana más distante de la hispanidad, con la policromía y el exotismo asumidos por el parnasianismo, y al mismo tiempo tan orgánicamente cubanos (y ya evidente) de negros y mestizos en nuestra literatura, teatro vernáculo y otras manifestaciones culturales.

[65] (1861-1896). Viajó a Francia y España; enriqueció su formación en Barcelona. Acusaba a Narciso López de anexionista, por lo que en 1888 polemiza con Cirilo Villaverde. Colaborador de Martí, recorrió Cuba preparándola para la guerra, y en 1894 trató de unificar la revolución en Oriente; sostuvo una importante entrevista con Guillermón Moncada. Al iniciar la guerra de 1895 viajó a Cayo Hueso y de aquí a New York (EUA), donde fue secretario de la delegación del Partido Revolucionario Cubano bajo Tomás Estrada Palma, con gran propaganda revolucionaria. Allí murió, aun corresponsal desde 1889 del diario argentino La Nación, donde promovió a las más destacadas personalidades cubanas. Dejó inédita su biografía sobre Ignacio Agramonte.

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Génesis de la ciencia agrícola en Cuba
Marx y los historiadores ante la hacienda y la plantación esclavistas
Repensar la independencia de América Latina desde el Caribe
Bolcheviques en el poder y Filosofía / Revolución en los años sesenta
Director: Félix Julio Alfonso López
Edición: Joanna Castillo Wilson
Diseño: Alejandro de la Torre Chávez
Programación: David Muñoz Compte
Consejo asesor: Roberto Fernández Retamar, Eusebio Leal Spengler, Eduardo Torres-Cuevas, Jorge Ibarra Cuesta, María del Carmen Barcia Zequeira, Raúl Izquierdo Canosa, Sergio Guerra Vilaboy, Fernando Martínez Heredia, Rolando Rodríguez, Ana Cairo, Fernando Rojas, Rolando González Patricio y Felipe Pérez Cruz.
ISSN2075-6046 / RNPS 2223