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octubre 2010 - marzo 2011
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Nacionalismo e independencia en la obra José Antonio Ramos 
Caridad Massón Sena

José Antonio Ramos (1885-1946) destacado escritor, dramaturgo, crítico de arte, novelista, se graduó en el Seminario Diplomático y Consular y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana por lo cual ejerció durante mucho tiempo de su vida como miembro del cuerpo de representantes de la isla en diferentes países de América y Europa. Desde su temprana juventud, su labor intelectual estuvo estrechamente relacionada con sus posiciones políticas.

La concepción nacionalista, materialista y antirracista de Ramos se desarrolló en toda su obra literaria y periodística donde predominó la crítica a los males republicanos. Su materialismo era esencialmente economicista, no dialéctico, como él mismo lo reconociera en un artículo de 1913: “obsérvese que yo, aunque recusable por idealista, pongo siempre el fenómeno económico por delante, como no lo haría más conscientemente el más práctico marxista.”[1]

En ese mismo sentido se materializó su reacción ante el fenómeno imperialista, al cual no pretendía sobrestimar ni desconocer. De ahí se deduce que lo considere de modo determinista, sobre todo, en la primera etapa republicana. Algo con lo que debíamos convivir, sin dejar de vigilarlo.

Para los hijos de los que establecieron sus tiendas en las faldas de un volcán -escribió-, no es el volcán su enemigo más cruel; es la fatalidad histórica de haber nacido y crecido allí (…). Y todo lo que sea imprecaciones y odios, o nada más que dudas, movimiento pasional, contra el coloso mudo y sordo, ajeno a nuestro dolor y a nuestro encono, es dolorosamente expresión de locura, de femenil impotencia, buena para infelices mujeres, para muchedumbres despavoridas, para supersticiosos o imbéciles, pero imperdonables en hombres cabales, conscientes de su ser y de su sino.[2]

Otra característica de sus apuntaciones es la denuncia a la falta de fe de muchos cubanos, a su manía de buscar lo mejor fuera del país, al pesimismo esterilizante que detenía la iniciativa. En su libro Manual del perfecto fulanista, uno de sus trabajos de crítica social y política más interesante, aborda con intensidad el asunto:

Los cubanos, por fatal consecuencia, nos sentimos poco obligados a la exigencia espiritual de la nacionalidad. Son muchos los que entre nosotros sueñan con extranjerizarse, educan a sus hijos en colegios extranjeros, y todo lo propio lo ven como empequeñecido y ridiculizado a través de la fantástica visión de lo de afuera. Empero, el desprecio yankee anula en favor nuestro la falta de previsión de nuestros ciudadanos. El desprecio yankee, nos obliga a sentirnos cubanos y a vivir junto a ellos en constante recelo.[3]

Contra el pesimismo, contra la corrupción, contra la ineptitud y la indolencia aboga por una lucha firme, científica y constante:

Es la labor de crítica positiva, que ejerce su acción edificando, aprovechando todos los materiales existentes y apartando únicamente aquellos cuyo empleo perjudicaría a la solidez de la obra. Es la obra de nacionalización y, al propio tiempo, de consuelo y apaciguamiento para el desasosiego del sencillo ciudadano, aplastado por la implacable crítica del adversario político que todos los días amenaza con la revolución, la "intervención" y el apocalipsis.

[…]

Lo que se requiere es inteligencia, conciencia integral de sí mismo, comprendiendo la estrecha dependencia del individuo respecto a su sociedad y a la Humanidad, acción vigorosa, impregnada de entusiasmo y de fe en la propia labor (...). En la hora actual y descontada la primera necesidad de aquietamiento, de paz, lo ingente es compensar la inevitable esterilidad de la política personalista, y su tendencia a ocuparse sólo del día de hoy, con una gestión silenciosa e infatigable para obtener la implantación del mayor número posible de iniciativas. Cada iniciativa de cualquier género, alimentada por una preocupación del mañana, que nace y consigue amagar bajo el frenético vendaval

de nuestra vida nacional de hoy, es un hueco que se llena con eficacísima argamasa, entre los intersticios de nuestra recién levantada estructura social. [4]

En el Prefacio al drama Tembladera (ganador del Concurso de Literatura de la Academia Nacional de Artes y Letras), vuelve sobre el asunto para preguntarnos: ¿qué somos?, ¿qué debemos ser? Y luego se responde así mismo:

Seamos cubanos, a secas, y por ello no dejaremos de ser hombres, de ser universales, de ser caritativos y generosos para la humanidad entera, como el padre que en peligro de naufragio o de incendio es caritativo y humano de una sola manera: salvando a su hijo el primero. Seamos cubanos, consecuentes con nuestro pasado y nuestros ideales nacionales, y sólo así estaremos en noble aptitud de asimilar las consecuencias del conflicto presente, cualesquiera que ella fuesen, sin la indignidad de una brutal imposición foránea.

A pesar de la Enmienda Platt, de la dependencia económica y de la pequeñez de la isla, los sólidos antecedentes históricos de la nación le dan la convicción de su fuerza para mantener la nacionalidad a toda costa. “Es hora de pensar seriamente en nuestro destino”.

Es necesario que aprendamos a engranar nuestras ambiciones personales en el bien general de la Patria, de manera que podamos exhibirlas y hasta predicarlas, y obtener de ellas nuestro provecho propio, con sola la reprobación honrosa de los mezquinos envidiosos y de los extranjeros aviesamente interesados en nuestra dispersión nacional (...).

Y resalta el papel de los intelectuales en ello y, especialmente de los historiadores: “el historiador tiene actualmente sobre sus hombros la misión más importante tal vez, y más decisiva, en la obra de consolidación y definitiva cristalización nacional”. Para escribir la historia se necesitan criterios modernos, emocionales, sugestivos y filosóficos, que sirvan a las futuras generaciones de "carta náutica" sobre los peligros pasados y los traidores ocultos. Y finalmente exhortaba:

Apartemos de nuestro lado el pesimismo desesperado que desangra, pero no nos entreguemos al optimismo ciego, que resta fuerza al trabajo. Atengámonos a la realidad, y hagamos frente al porvenir con fe, con entusiasmo; sinceramente resueltos a los mayores sacrificios, y con el corazón siempre dispuesto a perdonar y a amar.[5]

Ramos estuvo muchos años al frente el consulado cubano en Madrid, sin embargo vivía pendiente de los problemas interiores de su Patria. En una ocasión en que estuvo una temporada en la isla, a mediados de 1921, disertó en diversos círculos sobre los temas que le preocupaban. En diferentes momentos había expresado su criterio sobre los problemas cubanos y pedido a los EE.UU. que ayudaran a encontrar una solución que evitara un movimiento revolucionario. Sin embargo para esa fecha se muestra defraudado por la politiquería de los partidos tradicionales y por la gestión injerencista norteamericana. En conferencia que dictó el 18 de agosto dice claramente que "no se puede confiar en los americanos", aunque tampoco se les debe injuriar:

Y Cuba, por ahora, sólo tiene una misión que cumplir, la de alcanzar cierta independencia económica que le permita consolidar su posición internacional. Nada de ello se consigue sin un régimen de equidad y justicia, nada sin un cabal conocimiento, un conocimiento científico de nuestra situación peculiarísima; nada si del gobierno abajo no hay en todos los corazones propósitos leales y nítidas conductas, lo mismo en los negocios públicos que en los particulares, lo mismo ante el capital extranjero -insolente y corruptor- que ante los pujos capitalísticos indígenas, muchas veces producto de un salvaje egoísmo.

Y conste, que no defiendo aquí ninguna doctrina económica determinada. Libre concurrencia, monopolio particular o del Estado, todo concurre y todo sirve si lo inspira una clara visión del actual momento histórico cubano.[6]

Plantea la necesidad de multiplicar la pequeña propiedad y combate a los que pretenden ir por los senderos del gran capital de la mano de los propietarios extranjeros. En otra conferencia impartida en el Liceo de Matanzas a pedido del Club Rotario en el mes de septiembre del propio año, Ramos calificaba a los burgueses cubanos como "proletarios con levita"[7] que achacaban al pueblo los problemas y plantea -ante la adversidad del momento- desarrollar todas las capacidades intelectuales y morales, las energía individuales a favor de un ideal nacional definido. No violencia para no perturbar a los millonarios del Norte, ni lucha de clases: fusión de voluntades:

Urge formar un idearium nacional definido, con todo el magnetismo de un principio revolucionario y la extrema conductibilidad de proceso esotérico, para que impregne toda nuestra vida pública, unifique nuestras dispersas voluntades y nos renueve rápidamente la fe en nosotros mismos.[8]

El 5 de diciembre en el Club Femenino de Cuba disertó sobre el sentido económico de la emancipación de la mujer. Allí expresó:

la relación entre la mujer y la sociedad, más que obra exclusiva de la voluntad del hombre o resultado de las relaciones entre sí de los dos sexos, es un producto complejísimo de la costumbre y del medio, donde solo una razón parece dominar con su color el conjunto de matices que lo forman: la razón económica (...).

[…]

La revolución cubana, demorada cuarenta años por la política egoísta y criminal de los esclavistas norteamericanos, nació en el 68, pero inspirándose más en la rebelión de la clase media francesa, en armas contra la nobleza y los favores cortesanos a fines del siglo anterior, que en los movimientos liberales de toda Europa, del año 1848, cuyas sacudidas llegaron tan tardía como infructuosamente a España (...).

[…]

¡Mujeres cubanas! Hasta ahora hemos adorado vuestros ojos solo cuando se posaban en nosotros plenos de pasión. Elevadlos sobre el horizonte: que reciban de lleno los primeros reflejos, más allá de la comba lejana, del nuevo día (...).[9]

Pero una constante en sus reflexiones, la posición de los Estados Unidos con respecto a Cuba, patentiza su repudio a la injerencia y a la vez admiración por los logros alcanzados por esa nación. Veamos sus afirmaciones en 1924:

Con la idea de la “Patria”, pues, de limitadas fronteras, y determinada casta dirigente, los Estados Unidos han perdido su primitivo y más amplio ideal continental, universal, para dar lugar al triunfo del instinto primitivo del clan: han dado un paso atrás, en una palabra (...).

[…]

Ciego es preciso ser para no ver que hoy las relaciones económicas son las que, al fin descubiertas y estudiadas, regulan las demás entre los países (...).

[…]

Este Imperio (si se quiere darle este nombre) es algo, es mucho más que todo eso que con emotividad infantil imitamos desesperadamente y odiamos al mismo tiempo. Este Imperio de los Estados Unidos de Norte América es el ensayo histórico más formidable de una asociación libre de hombres, con el propósito que arrancar a la naturaleza, por el trabajo y el estudio, los beneficios que nuestros antepasados solo concibieron como producto de la esclavitud y de la conquista (...).[10]

En su novela Las impurezas de la realidad de 1929 se produce una ruptura en su forma de abordar los problemas reflejados en Tembladera y Coaybay, de 1919 y 1927 respectivamente. Esta novela, además, constituye un enlace con Caniquí, la más lograda de ellas, porque no utiliza la manera planfletaria en que hablan sus personajes anteriores y desarrolla un estilo artístico más depurado, sin que con ello deje de abordar las temáticas más candentes de la sociedad. De 1922 al 32 Ramos se desempeñó como cónsul en Filadelfia y a mediados de ese último año fue destituido por unas declaraciones que hizo en carta a un propietario industrial, donde expresaba su inconformidad por la actuación de los Estados Unidos con respecto a las repúblicas americanas.[11]

Durante los sucesos revolucionarios de 1933, Ramos se mantuvo alejado de Cuba, en México, aunque al tanto de los mismos. Su combatividad lo llevó a ser expulsado de su cargo como cónsul en Veracruz por el gobierno de Machado. En ese país sostuvo fuertes discusiones con sus amigos mexicanos y algunos cubanos que se encontraban en las mismas condiciones que él, entre ellos Juan Marinello. Sobre todo hubo un fuerte altercado a raíz del empeño de traer a Cuba las cenizas de Julio Antonio Mella en septiembre de 1933, a lo cual se opuso Ramos, por entender que ello solo provocaría un enfrentamiento innecesario con el nuevo gobierno donde las más afectadas serían las masas populares. En aquellos debates sus amigos lo catalogaban de anticomunista, sin embargo en carta a Marinello del 26 de noviembre de 1933, Ramos se preguntaba cómo era posible que un materialista histórico como él no comprendiera que:

(…) la máquina por un lado y la observación científica de la realidad, seguida de la acción colectiva ORGANIZADA, al mismo tiempo para el ataque y la defensa inmediata de lo que se conquiste, es lo único que produce, efectivamente, los cambios históricos de esas dos fuerzas -quizá eternas- de opresores y oprimidos.[12]

Critica la "lectura de lo ruso", el "mimetismo rusófilo de las izquierdas",[13] la utilización de consignas como los soviets para aquellos momentos, por considerarla caricaturas de sus originales. Se cuestiona además si el solo hecho de trabajar en un taller convierte al obrero en un verdadero revolucionario, y si predicar una determinada ideología determina una actuación correcta o incorrecta:

Yo creo firmemente -le escribe a su amigo- que no salimos a la calle, a disparar el juguete favorito del momento: el rifle, que si prescindimos por ahora de copiar la receta rusa de la provocación constante a la fuerza pública, cualquiera que esta sea, y SIN IR A PALACIO apoyamos a Grau y a Carbó -el hombre verdadero del momento, detrás de Batista, según se me dice por gente bien enterada- para imponerse sobre las fuerzas combinadas del intervencionismo - feeling - of - inferiority - colonialismo, intervencionismo -intereses - creados - antes - en - y - después - Machado - capitalismo y frente al imperialismo financiero de Norteamérica, hoy en peligrosa crisis, si nos limitamos a atacar al gobierno, por la prensa y la tribuna, para mantener el espíritu y ofrecerle la importante diferenciación de nosotros, al mismo tiempo, pero sin salir a la calle, sin intentar siquiera el rapto del poder... si hacemos eso, y lo hacemos ver con el consiguiente sigilo a los gobernantes, creo que bien podríamos dedicarnos con todas nuestras fuerzas a lo que importa: a organizar el partido y buscar franco entendimiento con los directores del movimiento similar en Norteamérica.[14]

En su respuesta Marinello le decía que estaba equivocado con respecto a los comunistas, que ellos sabían que:

(…) el marxismo es verdad en tanto se atempera a la realidad que, como prodigiosa herramienta, ha de mudar. Los comunistas cubanos -más en la realidad que ninguno de nuestros grupos- quieren una revolución verdadera puesto que ha de venir de sentirla esa minoría popular actuante que hace todas las revoluciones. Lo que no quiere decir que esperemos tranquilamente a que todos los cubanos no burgueses crean en nuestra Revolución. No. Tú sabes demasiado de estas cosas para no entender que llega un minuto en que esa acción decisoria de la minoría operante cuenta con la neutralidad simpática del gran número. Para cuando esta realidad llegue, no haremos, José Antonio, esa Revolución descabellada que muchos creen, por la que, se dice por ahí, vamos a llevar a Palacio unos cuantos obreros revoltosos e impreparados. Haremos, en algún modo se está haciendo ya, una revolución que deshaga en lo central la estructura económica actual, entregando a las masas cubanas mucha posibilidad de trabajo y bienestar que hoy no tienen. ¿Que los yanquis se opondrán a ello? Los yanquis son demasiado inteligentes para no transigir con un movimiento que enraizado en lo íntimo del cubano popular, signifique una pugna de veras ruinosa para él. Esa Revolución, me dirás, ya la están preparando algunos cubanos sin hoz ni martillo. En efecto, los guiteristas, gente decidida y de empuje, hablan de una revolución agraria y antimperialista para plazo brevísimo. Tienen, sin duda, gentes valientes y dinero. Quizás compren algunos coroneles y ametralladoras y en un buen instante lleguen a Palacio. Nada podrán hacer. Nada, porque el yanqui sabrá, sabe ya que no es esa Revolución nacida de ese profundo querer popular que te decía, sino la obra de un grupo esforzado -y cegado por un afán heroico o una ambición vulgar, y no tendrán inconveniente alguno en derrumbarlos.[15]

Apenas una semana después, el jefe del ejército, Batista, descubrió a Antonio Guiteras con un grupo de sus compañeros cuando intentaban salir de Cuba para preparar una expedición armada y regresar mejor preparados para enfrentar su nueva dictadura. Batista no les daría una nueva oportunidad, asesinó a Guiteras y su lugarteniente Carlos Aponte.

Las proyecciones artísticas de Ramos reflejan una contradicción latente y constante en su obra: por un lado su realismo crítico, marcado por una concepción materialista, esencialmente economicista identificado con los fenómenos sociales, y por el otro un sentido individualista romántico que lo hace alejarse de las masas en las cuales no confía totalmente.

El gobierno nombró a Ramos cónsul de nuevo, esta vez en Génova; pero realmente no ocupó ese cargo y se quedó en Veracruz. A finales de 1935 regresó a La Habana y según parece para involucrarse más directamente en las cuestiones políticas, cosa que su amigo Marinello aprueba totalmente. Por eso Juan le escribe desde Cuba:

Tú puedes hacer mucho entre nosotros, muchísimo. Tu absoluta decencia personal, tu cultura extraordinaria, tu talento grande, nos hacen falta, mucha falta. No se te puede exigir una ubicación estricta, partidaria. Pero sí creo que en los días que esperan en Cuba, en días que -ya habrás tenido ocasión de ver cuál es la posición de izquierdistas extremos- de unión para llegar a una posibilidad democrática en que pueda darse el gran empujón, en esos días, tu esfuerzo puede ser, será precioso.[16]

A su regreso Ramos laboró dentro de la Secretaría de Estado cubana atendiendo la organización de bibliotecas; y desde 1938, casi hasta su muerte, dirigió la Biblioteca Nacional. Ramos fue uno de los intelectuales simpatizantes del Partido Comunista que integró su brazo legal, Unión Revolucionaria por esos años. En medio de las sesiones de la Asamblea Constituyente que tuvo lugar en 1940 y enfurecido por la actitud de los reaccionarios que atacaban a los representantes más radicales, Ramos envió un mensaje a los delegados de Unión Revolucionaria Comunista a la Convención:

Hoy se nos ataca en nombre del "patriotismo"...qué sarcasmo (...).

[…]

No falta hoy en Cuba quien no tiene tras de qué caerse muerto...y aplaude a esos "patriotas" al servicio de Wall Street y de Roma, a esos "patriotas" del "Diario de la Marina", a esos "patriotas" que hicieron un guiñapo de la Constitucion de 1901 y hoy tienen prisa por sacar, también con "el favor de Dios", otro "papelito", para seguir jugando a las repúblicas, construir palacetes, dar viajes al extranjero.... y vivir otros treinta o cuarenta años sin construir una sola escuela digna de ese nombre, ni una Biblioteca Nacional, ni un Museo...

Martí está con nosotros, compañeros, Martí, hoy, sería acusado de "comunista". Comunista es hoy todo el que siente asco por esta rebatiña indecente de puestos públicos. Y no para trabajar, como me consta y no de ahora, sino para robar, para levantar esas fortunas efímeras que hemos visto hacerse y deshacerse en treinta y ocho años de república, sin dejar nada cubano, nada constructivo ni sólido -¡aunque fuera capitalístico! [17]

De probada militancia política, este luchador nato se indignaba ante aquellos que pretendían neutralidad cuando el mundo se destrozaba por los combates entre las fuerzas democráticas y el fascismo. En febrero de 1943, en medio de fragor de las batallas de la II Guerra Mundial escribió:

En los frentes de guerra el fascismo agoniza. Renacen las esperanzas de libertad de pensamiento y de palabra que "el nuevo orden" persiguió desde que era teoría de barbarie.

Los pueblos cobardes, que izaban sus trapos sucios de internas luchas partidistas como banderas blancas de neutralidad, huyen tarde y con daño de su mascarada de indiferencia ante el crimen de las guerras de conquista.

[…]

Cuando Hitler invadió a Rusia "para aplastar al comunismo" (...) y salvar de tal guisa "a la civilización occidental"; cuando se alinearon las trincheras en la forma que la conferencia de Teherán ha confirmado, a la cultura no le quedó otro remedio que pelear (...).

[…]

Con Rusia las mentes adultas de hoy no defienden ningún credo político. Defienden la interpretación evolutiva universal de la Cultura, heroicamente elaborada por la humanidad pensante desde el Renacimiento a la fecha.

Y mal pueden hablar de Cultura los que niegan al Hombre su facultad de mejorarse a sí mismo para vivir. Que para morir en perfección ya se arrastró la Humanidad en harto largos siglos de barbarie, de superación y de ignorancia con la doctrina del amor en los labios y en el corazón y en la conducta el odio: el odio egocéntrico del animal y del salvaje.

[…]

Esos cretinos que hoy sólo saben huir de su propia pesadilla de hambre pordiosera o de indigestión infantil, de niños criados con exceso de leche, y creen -¡los pobrecitos!- que Rusia, revolución, comunismo, desorden y me-quitan-lo-que-tengo, viene a ser lo mismo, son lo únicos que pueden temer, con razón, por la Cultura.

Cuando las tumbas de hoy se abran y los muertos reclamen ese imperio de Justicia, de Luz y de Verdad por el cual se llevó a matar (...) mientras millones de "neutrales" miserables se frotaban la manos de gusto, y hacían cálculos de sus ganancias y ventajitas; cuando asome el alba de ese tercer día inevitable -porque ESO fue y no la miseria de los miserables es la HISTORIA- veremos qué se hacen con su neutralidad y su cultura esos pobres sabios, poetatros y filósofos de hoy, católicos, hiperclorídicos ... y anticomunistas.[18]

Ramos murió el 27 de agosto de 1946, y la mayoría de la intelectualidad y el pueblo consideró el hecho una gran pérdida para la Cultura Cubana. A propósito de su deceso la escritora Mirta Aguirre escribió:

Polvo amargo de decepciones, de olvidos, de pretensiones, de silenciamientos interesados, habían ido cayendo sobre el escritor y sobre el funcionario consular, fabricando el José Antonio Ramos latigante a quien muchos temían por la pasión que colocaba en llamar a las verdades por su nombre y en no admitir más verdades que las propias. Pero bajo la costra endurecida subsistía intacto uno de los más nobles caracteres que Cuba ha producido: el de un hombre que sentía con fervor el patriotismo, cuando ser patriota suena a cursilería siglo-diecinueve; el de un escritor que, a pesar de haber vivido años lejos del paisaje natal, vivía con el corazón pegado al de su tierra para sorprender y reproducir sus latidos más profundos.[19]

Ramos que fue el primer autor dramático cubano vertido en lenguas extranjeras, también había colaborado en la Revista Gaceta del Caribe, fundada por Nicolás Guillén, José Antonio Portuondo, Angel Augier y Mirta Aguirre. Allí había dejado su huella con un trabajo denominado "Nao, Esquife y Tierra" en el cual expresaba su sentimiento de frustración con el decursar de la nación cubana una vez alcanzada la independencia de España: "Cuba libre fue para nosotros, la primera generación intelectual cubana (...) como un despertar para morir, un salto en el vacío (...).”

Ramos fue gran amigo del Partido Socialista Popular (la investigadora Ana Suárez afirma que perteneció al mismo, pero no puedo dar fe de ello). Tal es así que donó su biblioteca particular a la Confederación de Trabajadores de Cuba. Su actitud intransigente lo llevó a renunciar a su puesto en la Academia de Artes y Letras cuando esta aceptó en su seno al subdirector del reaccionario Diario de la Marina, Raúl Maestri. En sus últimos años dedicó gran empeño a la organización científica de la Biblioteca Nacional, labor que interrumpió por un incidente y un viaje a Estados Unidos. Días después de su muerte, Ángel Augier lo homenajeó en el periódico Hoy con estas palabras:

Junto a su profunda inquietud cubana campeaba una ardiente preocupación social, en sus inicios adulterada por desviaciones anarquistas, pero que se fue depurando con el conocimiento del socialismo científico. Quizá no fuera un marxista acabado porque arrastraba el lastre de una formación intelectual algo confusa y especulativa. Pero nadie puede negar su honrada adhesión ideológica al marxismo, y su seguridad de que los problemas de Cuba y del mundo sólo a través del socialismo será posible resolverlos (...).[20]

Y José Antonio Portuondo, que también lo conoció bien, en su Bosquejo de las letras cubanas, señaló:

En José Antonio Ramos se da, limpiamente, la trayectoria de aquellos escritores burgueses, señalados por Marx y Engels en el Manifiesto comunista, los cuales, llegados a la inteligencia teórica del movimiento histórico, se pasan a la clase que trae en sí el porvenir. Su acendrado amor a Cuba, su patriotismo de legitimar esencias, le hizo dirigirse apasionadamente a todas las clases sociales en demanda de una acción pública eficaz que nos aliviara de la decadencia y de la muerte. Clamó primero a las minorías dirigentes, a las élites cultas, a los escritores y artistas que no le hicieron caso; apeló a la ambición inteligente de las clases adineradas y al afán conservador de la clase media y sólo obtuvo por respuesta al más absoluto silencio. Sólo en los trabajadores, a quienes había ignorado y subestimado en sus primeros escritos, halló respuesta cabal a sus demandas y una cariñosa comprensión que lo hizo incorporarse para siempre a sus filas.[21]

Notas



[1] José Antonio Ramos: "Nuestro nacionalismo", en: Entreactos, Ricardo Veloz, Editor, La Habana, 1913, p. 124.

[2] _______: "Al lector, no cubano", en: Entreactos, ob. cit.

[3] _______: Manual del perfecto fulanista, Jesús Montero, Editor, La Habana, 1916,

p. 363.

[4] _______: "Manual del perfecto fulanista", en: Cuba Contemporánea, tomo IX, no. 2, Año III, octubre, 1915, pp. 140 y 154.

[5] _______: "Seamos cubanos", en: Cuba Contemporánea, tomo XIV, Año V, no. 4, diciembre, 1917, pp. 261-280.

[6] _______: "Crítica de la hora actual y ensayo de una nueva justificación de la República de Cuba", documento del archivo del Instituto de Literatura y Lingüística.

[7] _______: "Mirando hacia afuera", en: El Fígaro, septiembre, 11, 1921.

[8] Ibídem.

[9] _______: “Sentido económico de la emancipación de la mujer”, en: Cuba Contemporánea, Año X, no. 109, enero, 1922, pp. 11-32.

[10] _______: “Los Estados Unidos y el patriotismo”, en: Cuba Contemporánea, Año XII, no. 136, abril de 1924, pp. 306-312.

[11] Véase Ana Suárez (Comp): Cada tiempo trae una faena...Tomo I, La Habana, Editorial José Martí y CIDCC Juan Marinello, 2001.

[12] Carta de José A. Ramos a Juan Marinello, México, noviembre, 26, 1933, en: Ana Suárez, ob. cit.

[13] Ibídem.

[14] Idem, pp. 433-436.

[15] Carta de Juan Marinello a José Antonio Ramos, abril, 29, 1935, en: Ana Suárez, ob. cit., pp. 487-488.

[16] Carta de Juan Marinello a José Antonio Ramos, 11 de diciembre de 1935, en: Ana Suárez, ob. cit.,Tomo II, pp. 534-535.

[17] Carta de J.A. Ramos a Delegados de la U.R.C., en: Hoy, Año III, no. 112, mayo, 10, 1940.

[18] "De la neutralidad de la Cultura", en: Hoy, Año VII, no. 33, febrero, 8, 1944, p. 2.

[19] Mirta Aguirre: "Duelo de la Cultura Cubana", en: periódico Hoy, año IX, no. 209, septiembre, 1ro, 1946.

[20] Ángel Augier: "José Antonio Ramos. El Escritor Combatiente", en: Hoy, Año IX, no. 212, septiembre, 5, 1946, p. 2.

[21] José Antonio Portuondo: Bosquejo de las letras cubanas, La Habana, 1960, p. 63.

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