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octubre-noviembre-diciembre, 2009
 
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Para no separarnos nunca más
Isis Infante Ramírez

Este febrero contó con unos de los hechos culturales más esperados por todos los cubanos y fue la Feria Internacional del Libro. Este espacio fue aprovechado por la Casa Editora Abril para regalarles a los enamorados de la capital el libro Para no separarnos nunca más, trabajo que reúne las cartas de Ignacio Agramonte a Amalia Simoni.

El lanzamiento fue todo un acontecimiento, pues no solo contó con la presencia de los compañeros de la Casa Editora, sino que amigos como Tubál Páez (Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba), Pepe Alejandro (Periodista de Juventud Rebelde), Juan Carlos Cremata (director de la compañía de teatro infantil la Colmenita), Raúl Izquierdo Canosa (Presidente del Instituto de Historia de Cuba) entre otras personalidades de nuestra cultura, compartieron con Elda Cento Gómez, Roberto Pérez Rivero y José María Camero Álvarez, autores del libro, los que motivaron a los presentes a conocer, a través de las cartas, el amor de Ignacio y Amalia. La presentación contó, además, con un momento inesperado incluso para los anfitriones, pues niños de la Colmenita interpretaron la canción “El Mayor” de Silvio Rodríguez.

La Historia de la Humanidad cuenta con grandes amores, pero no estaría completa sin la presencia del inmenso amor que sentían Ignacio Agramonte y Amalia Simoni, es por ello que los autores del libro Para no separarnos nunca más, ponen a nuestra disposición las ciento veintitrés cartas, que se han podido encontrar y conservar hasta la fecha, escritas por El Mayor a su amada durante las obligadas separaciones que el estudio primero, el deber profesional después, y finalmente la guerra les impusieron. Las mismas nos permiten conocer mejor al hombre que en contrastes con los azares de la vida y en medio de su lucha incansable por la libertad de Cuba, derrochó delicadeza y ternura.

El libro podrá ser disfrutado por un público diverso, gracias a la sencillez del lenguaje y a los motivos sentimentales que invitan a la prosa, ya que las epístolas se dan a conocer “con la misma amenidad, naturalidad, intimidad y sencillez[2] con que se escribieron.

El gran mérito de sus autores no ha sido reunir la correspondencia que da fe del inmenso amor que unía al líder camagüeyano con su amada, sino también resaltar sus valores morales, históricos y culturales. “La riqueza (…) de las cartas ha obligado a acompañarlas con no pocas anotaciones críticas que facilitan la comprensión de la diversidad de temas que Ignacio Agramonte trata…[3] Se agradece también los recuentos que posibilitan ahondar en los vacíos informativos acerca de las vidas de estas figuras, así como el empleo atinado de mapas necesarios para la ubicación geográfica del entorno en que se produce el intercambio epistolar.

Esta obra no constituye el primer trabajo en conjunto de Elda, Roberto y Camero, pues los tres autores formaron parte del colectivo de historiadores que publicó Ignacio Agramonte y el combate de Jimaguayú (Ed. De Ciencias Sociales, La Habana, 2007). Esta experiencia les permitió un primer acercamiento, a las cartas de Agramonte a su Amalia.

Para no separarnos nunca más nos permite no solo conocer del amor entre esta pareja, sino que desde su inicio prepara al lector para lo que luego encontrará en las cartas. Es por ello que en la presentación del libro no solo se introduce a su contenido, sino que de manera muy sutil se va dirigiendo la atención del lector hacia elementos fundamentales dentro del epistolario, que motivan diversos sentimientos, emociones y análisis.

Los que busquen en este diálogo epistolar un ejemplo de amor y entrega o bellas y románticas frases, habilidad narrativa, así como referencias culturales y sociales sobre la Cuba de mediados del siglo XIX o pasajes de la guerra de los diez años, por citar algunos posibles objetivos, los encontrarán. Cualquier persona, desde un enamorado- no importa su procedencia, edad o sexo- hasta el más avezado de los investigadores, podrá encontrar en estas cartas: valores, sentimientos y hechos que motivan la reflexión, el análisis y la indagación.[4]

Es como si estuviéramos frente al libro que estábamos buscando, como si estuviera hecho especialmente para todos.

Luego de la presentación del libro los autores acercan al lector a los rasgos caracterológicos de cada amante, para que se conozcan lo elementos más significativos de sus personalidades. De Ignacio Eduardo Agramonte y Loynaz se destaca su “aventajada estatura muy distinguido y airoso”, “su voz era clara, firme y de grato sonido”, “pronto en la acometida”, “inflexible con el desorden” pero también “cariñoso y bueno en sus íntimos afectos”. En su proyección como tribuno se destaca al “Orador enérgico, conciso y persuasivo[5].

Por su parte, Francisca Margarita Amalia Simoni Argilagos llamaba la atención por su belleza y cultura exquisita: “hay otras muchachas de rasgos más perfectos, pero ninguna aventaja a Amalia en esa mezcla de aristocrática humildad y majestuosa modestia que sorprende y subyuga”.[6]

Una vez que el lector conoce cómo eran estos amantes comienza a incursionar en su tesoro epistolar. En cuanto a la calidad narrativa de las misivas, los propios autores del libro señalan: “impresiona cómo Ignacio Agramonte repite sus deseos, añoranzas y sentimientos hacia Amalia y el lector no percibe reiteración; al contrario, las cartas, ya sean distanciadas por horas o días, guardan entre sí una lógica narrativa y una coherente sucesión expositiva”.

A través del intercambio epistolar pueden apreciarse ciertas interioridades de la relación, sobre todo la lealtad y la pureza de sentimientos. Ambos se cuidan. Las existencias de estos seres es accidentada, pero, a pesar de todo, el amor que los mueve les permite superar cualquier obstáculo… hasta la muerte. Una de las cosas más bellas son esos encabezamientos que hacen encoger el corazón, los que no necesitan nada más, y para cerrar las epístolas, solo dos palabras: “Tuyo Ignacio”. Estos dos últimos elementos son constantes en todas las cartas.

Agramonte fue de los más decididos simpatizantes de la idea de iniciar la lucha por la independencia. Es por ello que una vez iniciada la gesta se incorpora y se convierte en uno de los protagonistas. Amalia siguió a Ignacio a la guerra, pero el hecho de que fuera hecha prisionera por las tropas españolas en la finca El Idilio, la obligó a abandonar la vida en la manigua. Esta situación hizo que nuevamente tuvieran que emprender el bregar epistolar.

A través de las cartas El Mayor ofrecía información a su esposa acerca del estado de sus tropas, los resultados de determinadas acciones combativas, aspectos relacionados con el mando y la dirección, apreciaciones sobre el enemigo y otros temas, elementos que resultan de interés para cualquier historiador de nuestras gestas independentistas. La cultura artística será otro de los temas recurrentes a tener en cuenta por los estudiosos, una vez que la pareja intercambia sus criterios acerca del acontecer cultural de Puerto Príncipe y La Habana.

A pesar de las circunstancias en que fueron escritas estas últimas cartas, el Mayor no dejó en ningún momento de demostrar la ternura y pasión del joven esposo enamorado y del padre que añora a sus hijos, a los que apenas conoció.

En estas cartas, el idilio amoroso se funde con el deber. Para Ignacio, quien no podía vivir sino junto a Amalia, la suprema felicidad no sería completa sin la soberanía de Cuba; por ello, asumió con entereza el sacrificio de la audacia y entregó todas sus fuerzas y su alma a la lucha por la independencia de Cuba. Solo así su sueño se haría realidad y no se separaría nunca de su eterno amor.[7]

Una vez concluidas las cartas de la guerra el libro explica cómo se producen los hechos en Jimaguayú. “Aquel amor no había tenido fin. Cada año transcurrido después de 1873, Amalia había seguido fiel a su novio, a su esposo, a su compañero; porque -como le dijera a su hija- “No se podía amar más”.[8]

Muy acertado ha sido el trabajo de estos tres colegas, su obra es más que hermosa como lo fue el amor de Agramonte y de Amalia, por eso los invito a que busquen el libro y lo lean, para que lo disfruten, y sea posible que se sorprendan sonriendo y sintiendo el placer y la felicidad que colmó a estos enamorados. De seguro no será un libro olvidado, quedará seguro el recuerdo de páginas de pasión de las cuales no se separan nunca más.

 

Notas



[1] (La Habana, 1983) Investigadora aspirante del Instituto de historia de Cuba.

[2] Cento Gómez, Elda y otros, Para no separarnos nunca más, La Habana, Casa Editora Abril, 2009, pp. 9.

[3] Idem., pp. 10.

[4] Idem., pp. 15.

[5] Idem., pp.23.

[6] Idem., pp. 26.

[7] Idem.

[8] Idem. pp.304.

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La Guerra del 47 y la resistencia popular a la ocupación
El ejercicio de pensar
Director: Félix Julio Alfonso López
Edición: Joanna Castillo Wilson
Diseño: Alejandro de la Torre Chávez
Programación: David Muñoz Compte
Consejo asesor: Roberto Fernández Retamar, Eusebio Leal Spengler, Eduardo Torres-Cuevas, Jorge Ibarra Cuesta, María del Carmen Barcia Zequeira, Raúl Izquierdo Canosa, Sergio Guerra Vilaboy, Fernando Martínez Heredia, Rolando Rodríguez, Ana Cairo, Fernando Rojas, Rolando González Patricio y Felipe Pérez Cruz.
ISSN2075-6046 / RNPS 2223