Para no separarnos nunca más
Isis Infante Ramírez
Este
febrero contó con unos de los hechos culturales más esperados por todos los
cubanos y fue la Feria Internacional del Libro. Este espacio fue aprovechado
por la Casa Editora Abril para regalarles a los enamorados de la capital el
libro Para no separarnos nunca más, trabajo que reúne las cartas de
Ignacio Agramonte a Amalia Simoni.
El
lanzamiento fue todo un acontecimiento, pues no solo contó con la presencia de
los compañeros de la Casa Editora, sino que amigos como Tubál Páez (Presidente
de la Unión de Periodistas de Cuba), Pepe Alejandro (Periodista de Juventud
Rebelde), Juan Carlos Cremata (director de la compañía de teatro infantil la
Colmenita), Raúl Izquierdo Canosa (Presidente del Instituto de Historia de
Cuba) entre otras personalidades de nuestra cultura, compartieron con Elda
Cento Gómez, Roberto Pérez Rivero y José María Camero Álvarez, autores del
libro, los que motivaron a los presentes a conocer, a través de las cartas, el
amor de Ignacio y Amalia. La presentación contó, además, con un momento
inesperado incluso para los anfitriones, pues niños de la Colmenita
interpretaron la canción “El Mayor” de Silvio Rodríguez.
La
Historia de la Humanidad cuenta con grandes amores, pero no estaría completa
sin la presencia del inmenso amor que sentían Ignacio Agramonte y Amalia
Simoni, es por ello que los autores del libro Para no separarnos nunca más,
ponen a nuestra disposición las ciento veintitrés cartas, que se han podido
encontrar y conservar hasta la fecha, escritas por El Mayor a su amada durante
las obligadas separaciones que el estudio primero, el deber profesional
después, y finalmente la guerra les impusieron. Las mismas nos permiten
conocer mejor al hombre que en contrastes con los azares de la vida y en medio
de su lucha incansable por la libertad de Cuba, derrochó delicadeza y ternura.
El
libro podrá ser disfrutado por un público diverso, gracias a la sencillez del
lenguaje y a los motivos sentimentales que invitan a la prosa, ya que las
epístolas se dan a conocer “con la misma amenidad, naturalidad, intimidad y
sencillez”[2]
con que se escribieron.
El
gran mérito de sus autores no ha sido reunir la correspondencia que da fe del
inmenso amor que unía al líder camagüeyano con su amada, sino también resaltar
sus valores morales, históricos y culturales. “La riqueza (…) de las cartas
ha obligado a acompañarlas con no pocas anotaciones críticas que facilitan la
comprensión de la diversidad de temas que Ignacio Agramonte trata…”[3] Se agradece también los
recuentos que posibilitan ahondar en los vacíos informativos acerca de las
vidas de estas figuras, así como el empleo atinado de mapas necesarios para la
ubicación geográfica del entorno en que se produce el intercambio epistolar.
Esta
obra no constituye el primer trabajo en conjunto de Elda, Roberto y Camero,
pues los tres autores formaron parte del colectivo de historiadores que publicó
Ignacio Agramonte y el combate de Jimaguayú (Ed. De Ciencias Sociales, La Habana, 2007). Esta experiencia les permitió un primer acercamiento, a las cartas de
Agramonte a su Amalia.
Para no separarnos nunca más nos permite no
solo conocer del amor entre esta pareja, sino que desde su inicio prepara al
lector para lo que luego encontrará en las cartas. Es por ello que en la
presentación del libro no solo se introduce a su contenido, sino que de manera
muy sutil se va dirigiendo la atención del lector hacia elementos fundamentales
dentro del epistolario, que motivan diversos sentimientos, emociones y
análisis.
Los que busquen en este diálogo epistolar un ejemplo de
amor y entrega o bellas y románticas frases, habilidad narrativa, así como
referencias culturales y sociales sobre la Cuba de mediados del siglo XIX o pasajes de la guerra de los diez años, por citar algunos posibles objetivos, los
encontrarán. Cualquier persona, desde un enamorado- no importa su procedencia,
edad o sexo- hasta el más avezado de los investigadores, podrá encontrar en
estas cartas: valores, sentimientos y hechos que motivan la reflexión, el
análisis y la indagación.[4]
Es
como si estuviéramos frente al libro que estábamos buscando, como si estuviera
hecho especialmente para todos.
Luego
de la presentación del libro los autores acercan al lector a los rasgos
caracterológicos de cada amante, para que se conozcan lo elementos más
significativos de sus personalidades. De Ignacio Eduardo Agramonte y Loynaz se
destaca su “aventajada estatura muy distinguido y airoso”, “su voz
era clara, firme y de grato sonido”, “pronto en la acometida”, “inflexible
con el desorden” pero también “cariñoso y bueno en sus íntimos afectos”.
En su proyección como tribuno se destaca al “Orador enérgico, conciso y
persuasivo”[5].
Por
su parte, Francisca Margarita Amalia Simoni Argilagos llamaba la atención por
su belleza y cultura exquisita: “hay otras muchachas de rasgos más
perfectos, pero ninguna aventaja a Amalia en esa mezcla de aristocrática
humildad y majestuosa modestia que sorprende y subyuga”.[6]
Una
vez que el lector conoce cómo eran estos amantes comienza a incursionar en su
tesoro epistolar. En cuanto a la calidad narrativa de las misivas, los propios
autores del libro señalan: “impresiona cómo Ignacio Agramonte repite sus
deseos, añoranzas y sentimientos hacia Amalia y el lector no percibe
reiteración; al contrario, las cartas, ya sean distanciadas por horas o días,
guardan entre sí una lógica narrativa y una coherente sucesión expositiva”.
A
través del intercambio epistolar pueden apreciarse ciertas interioridades de la
relación, sobre todo la lealtad y la pureza de sentimientos. Ambos se cuidan.
Las existencias de estos seres es accidentada, pero, a pesar de todo, el amor
que los mueve les permite superar cualquier obstáculo… hasta la muerte. Una de
las cosas más bellas son esos encabezamientos que hacen encoger el corazón, los
que no necesitan nada más, y para cerrar las epístolas, solo dos palabras: “Tuyo
Ignacio”. Estos dos últimos elementos son constantes en todas las cartas.
Agramonte
fue de los más decididos simpatizantes de la idea de iniciar la lucha por la
independencia. Es por ello que una vez iniciada la gesta se incorpora y se
convierte en uno de los protagonistas. Amalia siguió a Ignacio a la guerra,
pero el hecho de que fuera hecha prisionera por las tropas españolas en la
finca El Idilio, la obligó a abandonar la vida en la manigua. Esta situación
hizo que nuevamente tuvieran que emprender el bregar epistolar.
A
través de las cartas El Mayor ofrecía información a su esposa acerca del estado
de sus tropas, los resultados de determinadas acciones combativas, aspectos
relacionados con el mando y la dirección, apreciaciones sobre el enemigo y
otros temas, elementos que resultan de interés para cualquier historiador de nuestras
gestas independentistas. La cultura artística será otro de los temas recurrentes
a tener en cuenta por los estudiosos, una vez que la pareja intercambia sus
criterios acerca del acontecer cultural de Puerto Príncipe y La Habana.
A
pesar de las circunstancias en que fueron escritas estas últimas cartas, el
Mayor no dejó en ningún momento de demostrar la ternura y pasión del joven
esposo enamorado y del padre que añora a sus hijos, a los que apenas conoció.
En estas cartas, el idilio amoroso se funde con el
deber. Para Ignacio, quien no podía vivir sino junto a Amalia, la suprema felicidad
no sería completa sin la soberanía de Cuba; por ello, asumió con entereza el
sacrificio de la audacia y entregó todas sus fuerzas y su alma a la lucha por
la independencia de Cuba. Solo así su sueño se haría realidad y no se separaría
nunca de su eterno amor.[7]
Una
vez concluidas las cartas de la guerra el libro explica cómo se producen los
hechos en Jimaguayú. “Aquel amor no había tenido fin. Cada año transcurrido
después de 1873, Amalia había seguido fiel a su novio, a su esposo, a su
compañero; porque -como le dijera a su hija- “No se podía amar más”.[8]
Muy
acertado ha sido el trabajo de estos tres colegas, su obra es más que hermosa
como lo fue el amor de Agramonte y de Amalia, por eso los invito a que busquen
el libro y lo lean, para que lo disfruten, y sea posible que se sorprendan
sonriendo y sintiendo el placer y la felicidad que colmó a estos enamorados. De
seguro no será un libro olvidado, quedará seguro el recuerdo de páginas de
pasión de las cuales no se separan nunca más.
Notas
[1] (La Habana, 1983) Investigadora aspirante del Instituto de historia de Cuba.
[2] Cento Gómez, Elda y
otros, Para no separarnos nunca más, La Habana, Casa Editora Abril,
2009, pp. 9.
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