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octubre 2010 - marzo 2011
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Teoría y cultura para comprender la historia. Carlos Marx en Jorge Ibarra, a propósito de hacendados y plantadores
Antonio N. Álvarez Pitaluga

Jorge Ibarra Cuesta (1931, Doctor en Ciencias Históricas, Premio Nacional de Ciencias Sociales, junto a otros altos méritos académicos y políticos), es uno de los pioneros de los estudios marxistas en la historiografía cubana después de 1959; al respecto, al referirme recientemente a la evolución historiográfica de la Protesta de Baraguá afirmé:

Fue Jorge Ibarra (Historia de Cuba, 1967) quien inauguró un nuevo giro de interpretación histórica e ideológica a la Protesta que inició una verdadera mutación ideológica. Por primera vez un historiador cubano no se detuvo en el Zanjón, sólo lo mencionó. Propuso el acápite “Razones históricas, política y militar de la Protesta de Baraguá”, donde afirmó: “(...) significó el ascenso a la dirección revolucionaria del país de elementos representativos de las clases y capas más humildes y explotadas y por ende, más consecuentes en la lucha a muerte contra el colonialismo español (...)”, “(...) consigna de permanente agitación y de inconformidad revolucionaria.” Ibarra sustenta su punto de vista en postulados marxistas y logra saltar la barrera de lo meramente descriptivo, aunque valora poco el Gobierno Provisional y la Constitución. En la siguiente década mantendrá idéntico punto de vista (Ideología mambisa, 1972).[1]

Casi dos años después de haber planteado aquella idea, la lectura de uno de sus últimos libros Marx y los historiadores ante la hacienda y la plantación esclavistas (La Habana, Editorial Ciencias Sociales, 2008, pp. 369), me ha hecho regresar a la misma, pero con otras reflexiones que deseo compartir con el lector. La obra fue estructurada en una introducción, seis capítulos, siete apéndices estadísticos, la relación de bibliografías y fuentes consultadas, finalmente, un índice onomástico.

Tras haber acumulado por décadas una larga y productiva faena intelectual, Ibarra Cuesta nos entrega un texto que a primera vista pudiera ser asumido como una obra de retorno sobre varias tesis relativas a la plantación esclavista y su universo social en la historiografía nacional. Sin embargo, es mucho más que eso; se trata de un ejemplo atípico y admirable dentro de nuestro gremio acerca de un estudio histórico desde una perspectiva teórica para comprender los bandos ideológicos de la historia, o sea, no es entender la historia desde el mero discurso hechológico ejemplicado con hechos , datos o realidades del universo plantacionista cubano y americano, sino desde una anchura teórica del pensamiento social fundado por el marxismo original de Carlos Marx, que fue continuado por hombres como Vladimir I. Lenin y Antonio Gramsci; algo que no pocos colegas gustan de entender o aplicar más de sus públicas tomas de partidos por el marxismo.

A veces algunos de dichos compañeros de ruta ni tan siquiera logran definir con certeza si su adhesión se aviene al marxismo original o al economicista, síntoma inequívoco de sus respectivos desconocimientos de la propia historia de la filosofía marxista. Así la cosas, me atrevería a augurarle al destacado historiador de Marx y los historiadores… una verdad que no me agrada pensar: su excelente complejización teórica será poco entendida y atendida por no pocos de ellos, atados aún al carro del positivismo ramplón en la proyección mental y la escritura de la historia.

Este es un libro no tradicional en los marcos de nuestras contemporáneas formas de escribir la historia. Para ser entendido y disfrutado necesita leerse e interpretado sin esa lógica tradicional de narración hechológica-interpretación hechológica. Creo que esa es la advertencia más recomendable que puedo hacer al lector ante una obra de notable repercusión para la venidera historiografía no solo cubana, sino americana a la hora de emprender estudios sobre la hacienda y la plantación esclavistas en Cuba y el resto del continente.

A propósito, el despliegue estructural del libro recuerda de algún modo la multifactorialidad que Moreno Fraginals concibió en su clásica obra El ingenio… para analizar el complejo universo de la plantación. A mi modo de ver este recurso continúa validando, para suerte de la historiografía cubana, una perspectiva de análisis que los especialistas en el tema no deben desatender.

No obstante, más allá de la formación o interés del lector creo hay algo que no favorece la lectura plena del libro, sobre todo para un público general o uno que se inicie en los estudios históricos y que aún no posea el instrumental teórico para comprender la obra, como por ejemplo los estudiantes de historia. Y es el hecho de que Ibarra utiliza mayormente a lo largo del texto solo el apellido de reconocidos científicos sociales para analizar algunas de sus tesis y conceptos; así, Weber, Braudel, Genovese, Mintz y otros pueden quedar como referencias inacabadas. Una muy alta especialización, más que demostrada aquí, pudiera provocar un cierto distanciamiento entre el autor y el lector o atentar contra una mayor cantidad de los últimos. Tal vez en una futura reedición sería loable agregar en las propias notas al pie, el hombre completo y algunos datos elementales que faciliten al lector una mayor ubicación sin desviarlo de la lectura al tener que buscar fuera del libro referencias autorales que lo aparten del importante texto de Ibarra.

En caso de realizarse una reedición también será oportuno enmendar algunas faltas ortográficas escapadas en la premura editorial de un texto preparado especialmente para la Feria Internacional de 2009, dedicada a Jorge Ibarra; al respecto véase en la página 205 la palabra fundamen por fundamento y la página 269 el uso de metrópolis para referirse a un solo país.

Por otra parte, considero que la interrelación teoría-hecho histórico dominante en una primera parte del libro, hasta alrededor de la página 147 (epígrafe titulado La aproximación conceptual de los historiadores cubanos a la plantación y a su rentabilidad) comienza a disminuir, dándose un decrecimiento aplicativo del enfoque teórico al perder predominio en ciertos pasajes interpretativos del texto para dar paso progresivamente a un análisis hechológico-interpretativo preponderante.

A lo largo de sus siete capítulos, Ibarra deslinda la visión de Marx relativa a la estructura y funcionamiento de la hacienda y la plantación en América frente a criterios opuestos. A mi juicio, he aquí la mejor esencia de la obra: entender la historia a partir del análisis teórico de Marx, ver la historia como uno de los componente con que se encuentra fundida la estructura general del pensamiento marxista original, que validó desde sus inicios una interpretación de la realidad a partir del carácter relacional articulando las dinámicas generales de las sociedades humanas, donde la cultura es asumida como el conjunto de la producción social.

Demostrando la permanente flexibilidad que todo científico social debe poseer a lo largo de su vida, Ibarra se cuestiona tesis y conceptos de la historiografía relativa al tema. Vale citar como ejemplo la convincente reevaluación de un concepto fijado en la historiografía cubana hace más de veinticinco años, el de burguesía esclavista. Expone su inoperatividad y poco ajuste teórico-práctico contemporáneos para denominar a las clases o grupos de poder al frente de la hacienda y la plantación, proponiendo a su vez un nuevo término, el de plantador colonial (p. 40). De ese modo contribuye al reafirmar la relatividad que debe contener el pensamiento científico-social como soporte indispensable para el desarrollo progresivo de las ciencias sociales y que desde ahora nos pronostica como esta y otras interesantes propuestas del libro podrán ser polemizadas o contrariadas en un futuro no tan lejano.

Según Ibarra, para Marx hacienda y plantación constituyen estadios específicos antes de desarrollo del capitalismo, expresiones precapitalistas de una época. También Marx explica -e Ibarra defiende- que a pesar de que ambas entidades se basaban en el trabajo esclavo no tienen relación alguna de continuidad con la esclavitud del mundo antiguo. Marx incorpora al pensamiento social las etapas y regímenes históricos enunciados por él como parte del desarrollo de las sociedades humanas en el curso de la historia, a través de los cuales las clases y grupos dominantes (explotadores) fueron perfeccionando sus mecanismos de dominación y explotación.

Contrario al pensamiento marxista original, la ideología del capitalismo ha construido, en vida del propio Carlos Marx y hasta el presente, toda una teoría social para desmontar la lógica marxista y oponerla como antídoto ideológico al marxismo y al cambio revolucionario. La evolución de un capitalismo perenne con toda una lógica fundada en una racionalidad formal tuvo en el pensador alemán Max Weber un bastión teórico, desarrollado plenamente en su obra más importante Economía y sociedad. Weber construye una lógica de pensamiento que explica su visión de durabilidad del capitalismo desde una inextinguibilidad conceptual y teórica.

Ibarra Cuesta demuestra cómo varios autores, entre los que se encuentra Fernand Braudel, han sustentado las tesis weberianas para entender el origen, desarrollo y decadencia de la hacienda y plantación esclavistas. Las asumen como puentes evolutivos en el desarrollo general del sistema capitalista, puntos de continuidad en una lógica weberiana cuyos inicios históricos lo ubica el mundo antiguo para afirmar la existencia de un “capitalismo antiguo”. Al apropiarse del pensamiento original de Marx, Ibarra puede formular una idea esencial en el texto: la hacienda y la plantación como sistemas no evolutivos ni conducentes al sistema capitalista son expresiones fuera de la lógica capitalista; por tanto, son irracionales en los marcos de la racionalidad formal generada desde el sentido común de la burguesía, con lo cual se comprende por qué existieron antes de la plenitud capitalista y desaparecieron sin llegar a ella.

En el deslinde ideológico que significan las tesis de Carlos Marx y Max Weber probablemente se encuentra la clave más importante para la comprensión del devenir de la historia como realidad y como ejercicio intelectual. Desde esa perspectiva, considero que Ibarra presenta, identifica y agrupa a los historiadores que por años han trabajado la hacienda y la plantación americanas. Pero más que aparentes agrupamientos historiográficos a partir de temas y tipos de debates, se trata de comprender cómo la historia ha sido y deber ser estudiada y escrita bajo los trasfondos filosófico e ideológico opuestos que suponen las interpretaciones y aplicaciones de la obra de Carlos Marx y Max Weber respectivamente. He aquí el corazón crítico del libro de Ibarra, su mayor utilidad, es decir: captar desde las coordenadas de una pensada generalización teórica la comprensión de la realidad social, donde hacienda y plantación son magníficos ejemplos históricos insertados en una compleja realidad total.

De ese modo, si tuviera que resumir los mejores aportes del libro diría:

-El libro contribuye a desentrañar la madeja ideológica de la historiográfica contemporánea americana sobre la hacienda y la plantación.

-Demuestra la importancia que desde la filosofía y el pensamiento original de Marx, que tanto Lenin y Gramsci hicieron por restaurar, se explican armónicamente los procesos históricos.

-Permite entender la historia como el conjunto resultante de los sistemas de relaciones sociales y los procesos de producción cultural. Lo anterior se ejemplifica desde el origen, desarrollo y uso asignados a la hacienda y plantación esclavistas para articular, al compás de otros complejos fenómenos sociales, los procesos de legitimación burgueses en aras su hegemonía cultural.

Para Ibarra Cuesta el pensamiento original de Marx se convierte felizmente en un modelo interpretativo para explicar los procesos históricos, algo ya asumido por él desde sus primeras obras. Ibarra logra demostrar que el funcionamiento y dinámica de la hacienda y plantación no deben ser vistos en relación exclusiva con el mercado externo o interno, sino que ambas entidades fueron creadas y a su vez crearon un universo espiritual desde lo religioso, lo jurídico y lo político, universo que pudo haberse trabajado más en aras de un mejor entendimiento acerca de las repercusiones sociales en la vida cotidiana de los grupos sociales de entonces.

Lo anterior permite pensar que la hacienda y plantación deben ser vistos como procesos culturales de una época, generadores de ese universo que muchas historiadores políticos, económicos y de la propia cultura no logran asociar y comprender correctamente hasta validar que la cultura es un concepto histórico y que la historia es la resultante de los procesos culturales; en pocas palabras, es preciso apropiarse correctamente del marxismo original para entender que en el conjunto y dinámicas de las relaciones sociales están las bases de la cultura y la historia del hombre. Jorge Ibarra Cuesta aplica y nos enseña estupendamente esta interpretación social desde su magnífica obra.

Nota



[1] Álvarez Pitaluga, Antonio: “La subjetividad en la narrativa histórica. La Protesta de Baraguá frente al espejo”, en: Revista Upsalón. Universidad de La Habana, Facultad de Artes y Letras, no. 5, 2009, pp. 3-11; y, revista digital Caliban, URL: www.revista caliban.cu, no. 1, octubre-diciembre de 2008, consultada el 30 de octubre de 2008.

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Génesis de la ciencia agrícola en Cuba
Marx y los historiadores ante la hacienda y la plantación esclavistas
Repensar la independencia de América Latina desde el Caribe
Bolcheviques en el poder y Filosofía / Revolución en los años sesenta
Director: Félix Julio Alfonso López
Edición: Joanna Castillo Wilson
Diseño: Alejandro de la Torre Chávez
Programación: David Muñoz Compte
Consejo asesor: Roberto Fernández Retamar, Eusebio Leal Spengler, Eduardo Torres-Cuevas, Jorge Ibarra Cuesta, María del Carmen Barcia Zequeira, Raúl Izquierdo Canosa, Sergio Guerra Vilaboy, Fernando Martínez Heredia, Rolando Rodríguez, Ana Cairo, Fernando Rojas, Rolando González Patricio y Felipe Pérez Cruz.
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